Formas de censura

Si alguien se extraña más de la cuenta por las medidas represoras que anuncia el Gobierno es que desconoce la tradición de los partidos que lo sustentan y sus nulas aportaciones en la batalla por la libertad de expresión a lo largo de la historia. Qué digo aportaciones, los ataques la libertad de expresión han sido, y se presume, seguirán siendo, el doble rasero que se cuelga como sambenito a la derecha cuando toca jugar en la oposición, pero el primer objetivo cuando se toca poder.
Y no vamos a decir ahora que la derecha franquista fuese adalid en esa causa, pero tampoco lo disimuló. Señores, esto es lo que hay. O pasan ustedes por el aro, o no se publica.
Lo paradójico de la actualidad es que pretenden hacernos creer que la están defendiendo. Una genialidad política similar a la bajada de varios impuestos y la subida de uno solo que los compensa, para aparentar una disminución de la presión fiscal.
Dado que mañana no hay periódicos y que por lo tanto esta columna sólo está destinada a los amables foreros de la Bitácora, me voy a permitir licencias personales.
Mi primer encuentro con la censura tuvo lugar en 1974. En aquella época publicaba una columna llamada “Madrid al Día”, heredada del cronista Losada y que recogían dos periódicos gallegos, El Progreso y Ferrol Diario, y dos asturianos, Región de Oviedo y La Voz de Avilés. Una de esas crónicas se tituló “El programa político del PSOE” y en ella se recogían ciertas ideas del entorno del emergente Isidoro, es decir, el Felipe González que todavía no era Dios. Eran algo así como las líneas maestras de un hipotético gobierno socialista, en el caso de llegar al poder. Me las había filtrado un colega y amigo de agencia Efe, Ricardo Martín, militante del partido.
En aquel momento, a un año vista de la muerte de Franco, un gobierno del PSOE se veía mucho más lejano de lo que en realidad fue, pues sólo estábamos a ocho años de hacerse realidad.
A los dos días de la publicación de la crónica recibí una citación del TOP _ Tribunal de Orden Público, para los que no se acuerden _, en la que me requerían en presencia de un juez instructor. No puedo ocultar que a partir de ese instante viví desasosegado y culiprieto por los posibles problemas laborales en la Agencia Efe que imaginaba.
Tras un primer interrogatorio a fondo, se me informó que se abriría un expediente y me dejaron con la causa colgando durante varios meses, como diciendo, cuidadito con lo que ahora escribes, porque llueve sobre mojado. Creo recordar que durante algunas semanas añadí dosis de autocensura a la que de por sí era obligada en el ejercicio periodístico de aquellos años. Finalmente todo se diluyó antes de que lo hiciese el propio régimen.
Al año siguiente, en compañía de otros dos grandes amigos, José Luis Casas Teixeira y Ernesto Rodríguez del Alisal, preparamos un número político de la revista En Punta titulado “El futuro se confiesa”, donde se recogían las opiniones de Tierno Galván y Pablo Castellano, entre otros.
Por las palabras de ambos fuimos multados con 250.000 pesetas, que hubimos de satisfacer a tocateja. Enterados de lo sucedido, ni uno ni otro hicieron el más mínimo gesto de solidaridad, ya no digamos de colaboración o ayuda financiera, dados los escasos recursos con que contábamos en la revista.
Finalmente, ya en Lugo, fui juzgado a instancias de la Coalición Popular por supuesto delito contra la ley electoral en apoyo del PSOE en el referéndum de la OTAN, por publicar una fotografía de Felipe González en la primera página de El Progreso el día de las votaciones, en la que se veía parte del slogan promocionado por los socialistas. Salí absuelto, aunque nuevamente el PSOE miró para otro lado.
A la vista de esas tres únicas relaciones con la censura o la justicia por temas profesionales, hoy sólo puedo congratularme de que hayan sucedido así, pues ello me permite decir con mucha tranquilidad que los consejos audiovisuales aprobados o propuestos esconden los mayores ataques españoles a la libertad de expresión desde que la ley de Prensa de 1938 declaró a los periódicos como prolongaciones del Estado, incapaces de concebir, plasmar o difundir otras ideas diferentes que las que emanen del propio Estado, gracias a lo cual se justificaba la existencia de la censura previa. Hoy, al dotarse a esos consejos de carácter político, se deduce que los medios controlados han de ser una prolongación de los criterios de quienes ocupen en cada momento dichos órganos, algo, si cabe, más perverso todavía.
Feliz Nadal a todos, muy especialmente a los asiduos de la Bitácora.

3 Comentarios a “Formas de censura”

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