Limpieza de orejas

Si hasta la fecha vivimos sin un consejo audiovisual que controle, inspeccione y sancione los contenidos de las ondas mediáticas, nuestras orejas tienen que estar sucísimas, todas llenas de imprecaciones, exabruptos y crispaciones varias. Menos mal que Montilla se ha puesto manos a la obra y nos las va a limpiar de cerumen con un bastoncillo rematado en una madeja de Don Algodón, al que llamaremos CEMA, Consejo Estatal de los Medios Audiovisuales. Casi como el anuncio; dijo CEMA y se durmió.
Ahora viene la segunda parte, que es la más divertida, pues se trata de averiguar qué cosas ensucian nuestros oídos y cuáles no. Por ejemplo, a un indocumentado diciendo babosadas sobre el camauro del Papa no le pasará nada, porque eso es pluralismo. Sin embargo, si la babosada es contra la ministra de Cultura, se le abrirá expediente, porque eso es irrespetuoso.
Duro lo va a tener el CEMA cuando persiga, como dice, la no separación de informaciones y opiniones. Por ejemplo, si el periodista dice que el Madrid ha perdido 1-2 contra el Racing, deberá añadir: “Esto es una información”. Y cuando comente que los merengues jugaron de pena, ha de especificar: “Esto es una opinión”. Claro, no se puede decir: “Desastre, el Carmelo se ha hundido”, sin aclarar: “Esto es una opinión personal”. Confundes al oyente, que en su sacrosanta libertad puede interpretar que no existe tal desastre, pues quedan unos solares preciosos con los que especular.
Capítulo especial merece la vulneración del derecho al honor, la fama y la intimidad personal y familiar, la protección de la infancia y la juventud. Ahí el CEMA tiene tela para cortar toda la que quiera y más. El único detalle que falta por definir es qué tipo de honor, de fama, de familia, de infancia y de juventud se pretende fomentar, pues si se trata de conseguir bufones asilvestrados, estamos en el camino correcto.

Comenta