De bobo a bobo

A Bono, el cantante, no el ministro, le han dedicado uno de esos insultos en torno a la bobería que las muchedumbres repiten con gusto a la primera oportunidad. El enunciado contra el cantarín establece que: “Si se es una de las neuronas del cerebro de Bono, se está muy solo”. Se lo dijo Tom Greenhalgh, otro profesional del gorgorito, integrante de The Mekons y reconocible también como Tom Mekons por razones evidentes.
Es decir, para Greenhalgh, Bono es un bobo solemne. Algunos lectores han pensado lo mismo al ver a Bono, el ministro, no el cantante, haciendo la ola en compañía de otros personajes menos reconocibles, o acaso menos reconocibles como bobos solemnes, porque la citada niñería es cualquier cosa excepto solemne, bizarra o marcial. E Interviu acusándolos de torturar iraquíes mediante dolorosas sesiones de heavy metal en vena. ¿Los de la ola? Imposible. Como mucho sería con música de Bono, el de la neurona, que de ser macho, es neurono. ¡Pobre neurono! ¡Con lo grande que es un cerebro! A mí que me torturen con María Isabel. La combinación de niña y cantante es letal de necesidad. Y si el neurono se resiste, que me rematen con un rap, con uno de ésos que lavan el cerebro machacándolo mediante ideas de margaritos contestatarios al ritmo que marcan tambores de hojalata: Mata a tu abuela, aunque le duela. Fascismo en estado puro para consumo del respetable que se dispone a ser sacrificado en aras de la LOE. Algo más peligroso que una bobería de salón en un año que termina como empezó.
Sí, porque fue en enero cuando Joan Ridao i Martín, la voz estatutaria de ERC, descubrió las cartas de su formación, o sea, su gran objetivo para el presente ejercicio: volver al statu quo de 1936, una aspiración en la que no parecen estar solos. Tamaño egoísmo le hizo merecedor del título de bobo de solemnidad, concedido por M. Vidal, uno de los muchos catalanes que mantienen sus neuronas en perfecto estado de revista.

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