Campaña sobre campaña

El acuerdo sobre el presupuesto UE 2007-13 puede ser tres cosas desde el punto de vista español; a saber, un éxito, un fracaso, o ni fu ni fa. Lo que no puede ser es las tres a la vez. A día de hoy, mientras no se analice a fondo con ojos imparciales, el acuerdo participa del misterio de la Santísima Trinidad, pues somos al mismo tiempo los máximos beneficiarios, quienes más pagamos la ampliación y los nuevos contribuyentes netos. Demasiadas cosas.
Pero no es extraño que sea así. De puertas adentro también se están pintando tres o más cuadros que nada tienen que ver entre sí, a pesar de que todos tratan de reflejar lo que está ocurriendo con gran falta de objetividad.
Belloch, por ejemplo, ha cargado su pincel con los colores más vomitivos de la paleta, convirtiendo en golpistas a todos aquellos que osan cuestionarse la calidad y el liderazgo político de ZP, sean miembros de la oposición, medios de comunicación o simples lectores y oyentes. Nunca hasta ahora el ejercicio de la crítica se había equiparado al golpismo. Se ve que el alcalde de Zaragoza está más nervioso de la cuenta, pues sus alusiones a la guerra civil son la prueba palpable de que sueña por las noches y luego suelta sus pesadillas en los mítines. Si la suya es una intervención de apoyo al PSOE, más le valdría al partido que toda la bruma del Ebro, desde el Pilar a Monzalbarba, le causase una profunda afonía para el resto de la legislatura.
¿Y qué decir del contraboicot? Ése que propugna cargarse lo español, simbolizado en las corridas de toros, Finito de Córdoba, el Valle de los Caídos y la Cibeles. ¡Qué mejunje, qué pastiche, qué disparate! Es como si se hubiese dado el pistoletazo de salida por ver quién hace o dice el método más eficaz para causarnos el mayor daño estúpido en el menor tiempo posible. Asustados en cada rincón, los unos observan las barbaridades de los otros y se conjuran para superarlas. Que alguien llame a una ambulancia.

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