Presión testicular

Carod pertenece a esa clase de políticos que nunca defraudan en sus declaraciones públicas. Comparte escuela con Arzalluz, Guerra o Paco Vázquez, que saben el valor de cada segundo en televisión _ como dice el manual del PSOE _, y lo aprovechan al máximo sin perderse en hojarascas ni fruslerías. Distinta valoración obtendrán sus aportaciones, pero en principio, de ellos se puede decir que nunca son anodinos.
En esta ocasión, una sola palabra suya, acollonats, bastó para hacerse con el imperio mediático de titulares, columnistas de papel, comentaristas audiovisuales y blogueros cibernéticos. A eso se llama poderío escrotal.
Pero no es oro todo lo que reluce. Al tiempo que Carod lanzaba su verbo al viento, un bodeguero de Valladolid, radicado en Gordaliza de la Loma, le agradecía su presencia en los medios, pues a su modesto entender era la causa principal de haber duplicado sus ventas de cava sin necesidad de gastar un duro en campañas publicitarias. Un chollo así es como para desear larga vida al lenguaraz.
La situación inversa la viven quienes, en teoría, más identificados deberían estar con el discurso del hipermegasupernacionalista, es decir, los bodegueros catalanes. Ésos sí que están acollonats por tener que pagar el pato de un señor que es capaz de movilizar tanta inquina inmerecida.
En cuanto a los destinatarios de la palabreja, los socialistas, es muy posible que su actual estado de ánimo se refleje en ella, pero no dudará el señor Carod que su responsabilidad en tal turbación es mayor que toda la que pueda representar la campaña del PP, de tal modo que en sus manos está aliviarles de gran parte de la presión testicular, pues si hemos de emplear correctamente el castellano, ese idioma que usan los charnegos, el señor Carod desdice su título de socio del Gobierno y adquiere otros bien distintos, como son los de tocapelotas o remamahuevos.

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