Expansionismos

Ya se habla de pangaleguismo simplemente porque el BNG propone que el nuevo estatuto regule la incorporación a Galicia de los ayuntamientos limítrofes que lo deseen. Tenemos antecedentes para todos los gustos, desde el aparcado Plan Ibarretxe, que sugiere la incorporación de comunidades enteras (Navarra) y de territorios extranjeros (Iparralde-Lapurdi, Behe Nafarroa y Zuberoa), hasta el vigente estatuto de autonomía de Castilla-Léon, que en sus disposiciones transitorias séptima y octava establece el camino que ha de seguirse para que un municipio, una provincia, o incluso una comunidad, pueda integrarse en ella. El estatuto concede también la posibilidad de que un territorio o municipio propio se segregue y se incorpore a otra comunidad. Naturalmente, la comunidad entera no puede segregarse de sí misma.
A la propuesta del BNG, tal como fue anunciada, le falta el derecho recíproco, es decir, la posibilidad de que un municipio gallego quiera hacerse asturiano o leonés, o bielorruso. Qué bonito sería ese titular: “Lugo se hace sueco, que no el sueco”. No dudamos que la propuesta final para Galicia contemple la doble dirección de entrada y salida.
Las Juventudes de la Unión del Pueblo León (UPL) a buen seguro desconocen el texto de su estatuto, pues han dicho que la intención del Bloque es “impresentable y propia del imperialismo más zafio y caciquil”. Eso se llama paja ajena y viga propia.
Pero más que pangaleguismo, lo que hay en la propuesta del BNG es la solución ideal para todos los problemas territoriales. Vean, si dice que “podrán incorporarse a Galicia aquellos ayuntamientos limítrofes de características culturales, históricas, económicas y geográficas análogas mediante procesos democráticos que serán regulados por ley”, y teniendo en cuenta lo común que hay en el territorio español por completo, todos podrían incorporarse y así haríamos una España tan grande como la de ahora.

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