Actualidad científica

Gracias a la infatigable labor del Gobierno, en lo que va de año hemos adquirido un porrón de conocimientos que permanecían en la nebulosa del inconsciente colectivo, vagando a sus anchas.

Por ejemplo, la evidencia de que el valenciano no existe es una de las que el día de mañana causará mayor admiración entre los especialistas, aunque no estén de acuerdo con ella.

En esa línea se encuentra también un ingente tratado sobre españología, cuyo capítulo sustancial lleva por título “De cómo unas nacionalidades devienen en nación, de la que nacen muchas nacioncitas a las que se come el lobo”, prologado por la Caperucita Roja y el Opus feroz.

Otra interesante aportación, esta vez en el campo de la sexología, ha sido la demostración de que ya no es necesario el cruce de los dos sexos para garantizar la presencia de la especie sobre la tierra. Basta que lo hagan los otros.

Pese a ello y por extraño que parezca, la sociedad sólo sigue reconociendo las uniones matrimoniales de sus miembros, tomados éstos de dos en dos. Con lo cual, si usted está enamorado de tres o más seres vivos y quiere casarse con ellos, va jodido.

Puesto a descubrir, el Gobierno está a punto de obtener la fórmula para que una nación, o lo que sea, pueda pertenecer a un imperio, patearle la espinilla al emperador y seguir como si tal cosa.

Ya advertimos que la fórmula está todavía en el laboratorio. Mientras tanto permanecemos confiados en que no explote durante el proceso de cocción.

A todo ello hay que añadir la serie de fascículos coleccionables “¿Existe Dios? ¿Existe el valenciano?”, “Cómo tirar los símbolos franquistas y el dinero”, “Carod considerado como una de las bellas artes”, “Cómo funciona lo del IVA en Europa” y “Hágase con los mandos del Concorde en 10 minutos”.

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