Jakin Boor

Iker Jiménez llevó a su programa del 20-N el atractivo y desconocido mundo de las relaciones de Franco con la masonería y el esoterismo, una veta histórica todavía por explotar, aunque el presentador puso encima de la mesa varios títulos que lo abordan, a los que sin duda seguirán otros porque el tema sorprenderá.
De lo dicho en el programa notamos en falta algunos detalles que completan la información allí dada.
Por ejemplo, cuando Franco gasta a España la gran broma de recibir en audiencia a Jakin Boor, como autor del libro Masonería, siendo él mismo quien se esconde bajo ese seudónimo, convenía añadir que el dictador escoge ese nombre del que el arquitecto del templo de Salomón pone a las dos columnas de entrada, Yakin y Boaz, y que a su vez se integran como principales símbolos de las logias masónicas.
Tan extraño proceder nos permiten sospechar que en el fondo de sus entretelas, Franco reserva una especial admiración por la masonería. También resulta muy curioso que algún historiador cite al autor del libro de Franco como Joaquín Boor, creyendo sin duda que se trata de la traducción correcta.
En cuanto al informe desfavorable que impide su ingreso en la logia Lukus de Larache, echamos en falta dos cosas. Una, imaginar lo que hubiera pasado respecto a la Guerra Civil si en julio de 1936, el general Franco es miembro de la Masonería, y por lo tanto, la importancia que tuvo esa negativa para la historia de España. Y dos, rendir emocionado recuerdo al teniente gaditano Cristóbal de Lora Castañeda, uno de los autores del informe desfavorable a las pretensiones de Franco, por cuya causa sufrió años después sádica tortura e injusta muerte.
Las referencias esotéricas del programa sobre el Valle de los Caídos son también de gran interés. Esperemos que se lleguen a investigar antes de que los talibanes lo conviertan en gravilla.

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