Habla González

Felipe González ha hablado y sus palabras bien pueden pasar a la historia como el catálogo de diferencias que existen entre el primer presidente socialista de la democracia española y el segundo. Por desgracia para los administrados y en contra de la tendencia natural del aprendizaje, se constata que la sensatez y la experiencia caen del lado del primero y desaparecen en el bagaje del segundo, dejando sin sentido aquel vídeo en el que se recoge un mitin de FG en León, al que escucha un adolescente ZP, seducido por el verbo fácil del entonces líder indiscutible de los socialistas.

Se deduce que en ese momento el leonés sólo se fija en cómo su ídolo mueve las manos al tiempo que discursea, una de sus muchas asignaturas pendientes que no le impiden ocupar el mismo cargo que aquél 22 años después.

Un ejemplo. Dice González que Europa asiste pasiva a los acontecimientos de Irak, regodeándose en el convencimiento de que le asiste la razón “porque hay que estar contra la guerra”, pero ignorando que “las patadas que se lleve Estados Unidos se las llevará también Europa en el trasero”.

Otro ejemplo. González, que es partidario de reformar la Constitución para hacer del Senado la auténtica cámara de representación territorial, critica que se plantee dicha reforma sin saber cómo ni para qué, por el simple hecho de que ha cumplido 25 años. ¡Toma torpedo!

El ex presidente tampoco ahorra expresiones de contrariedad ante el anuncio de que las reformas estatutarias en ciertas autonomías nos conduzca a una España de primera división y a otra, de segunda, las famosas dos velocidades. Y si eso lo dice en público, es de suponer que en privado sus discrepancias con ZP van más allá de apoyar o no el indulto a Vera, aunque quizás haya sido éste el detonante que le aconseja distanciarse del actual secretario general de su partido de forma tan manifiesta. No los vayan a confundir.

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