Habemus puellam

Algún día sabrá Leonor que cuando ella nació, ni su abuelo, ni los restantes lectores de Jesús Cacho se habían repuesto todavía del patatús que les dio aquella misma mañana de un octubre que no quería finiquitar sus días sin sumarse a la tradición revolucionaria del mes.
Habían cambiado la hora para que la ciudadanía se adaptase a los tres meses de invierno que los celtas enmarcaban entre el Samhain del 1 de noviembre y el Imbolc del 2 de febrero, y durante los cuales apenas hacían otra cosa que hibernar como la marmota y el oso. Pero si para ellos era señal de inactividad, nada indica que lo sea ahora.
Pues como quiera que la hibernación de este año será pródiga en asuntos estatutarios que algunos creen de completa revolución, a Cacho se le ocurre pensar, escribir y publicar que la Transición, así con mayúsculas, ha sido un Fracaso, también mayúsculo. Y en su disección, quien sale peor parado es el abuelo de Leonor. Palabra de Cacho, o sea, ¡cacho palabra!
Entonces, a eso de las ocho de la tarde, los príncipes se dirigen de nuevo a la clínica y comienza el parto. “Ha sido niña y se llama Leonor”. No se puede pedir más a la jornada. Bueno, sí. Rebrota el tema sucesorio y las prisas por modificar el artículo 57.1 de la Carta Magna. Cacho tiene razón, la Transición no se cosió, simplemente se hilvanó. ¿A quién se le ocurre decir en el 78 que el varón ha de ser preferido a la hembra? ¿Y nosotros lo votamos? ¿Estábamos tontos, o hubo miedo a discutir entonces quién era el Príncipe de Asturias?
Da igual. Los astros y sus conjunciones planetarias se han puesto de acuerdo para que todo confluya en este Samhain, cuando se abre la puerta del más allá y los fantasmas del pasado, aquéllos que no han podido seguir camino, nos visitan y nos recuerdan que ni ellos ni nosotros hemos alcanzado aun la armonía.
Con todo y eso, “habemus puellam” y como siempre, la vida se abre paso ante las dificultades. Enhorabuena.

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