El regalo de Carod

De Cataluña no cesan de llegar noticias sorprendentes. Ahora resulta que Carod no quiere la república. Se conforma con que el Rey cobre menos. En concreto, un noventa por ciento menos, que no es moco de pavo. Pensará el personaje que con esa significativa rebaja no hay rey que aguante en el trono y pronto se nos marchará a hacer las Américas, por si lo quieren de monarca en Ecuador. Ustedes se van de súbditos a España, y yo vengo de rey aquí. ¿Hace?
La petición llega en el momento más inoportuno, pues como sabrán, nos separan escasas horas del nacimiento del heredero del heredero, que según todos los indicios será un varón perfectamente constituido, es decir, constitucional a tope, léase como se lea el famoso artículo 57.1. ¡Qué alivio! No será necesario tocar el texto del 78 en una buena temporada y así ZP puede pasar la legislatura sin reformarla. Lo del estatut está al margen del embrollo, porque eso afecta más al principio de Arquímedes que al principio constitucional, por aquello de la cantidad de líquidos desalojados.
¿Qué regalo podríamos hacer al Rey con motivo de tan fausto acontecimiento?, se preguntó el partito feo del tripartito. ¡Ya está! Pediremos que cobre lo mismo que el presidente del Gobierno. Algo así ha de sonar bien por fuerza en los oídos de cualquier español, aunque en el fondo signifique dejarlo a dos velas, con poco más de un millón de pelas al mes para todo.
Pero en realidad el regalo de Carod es un arma de doble filo, primero porque reconoce la necesidad de que el rey exista y de que cobre, poco, pero cobre. Además, si la enmienda de Esquerra Republicana a los Presupuestos sale adelante, aquéllos que aspiran a un cambio de régimen recibirán un duro golpe, ya que entonces no existirían razones objetivas para desembarazarse de un rey tan barato.
A saber qué oscuras intenciones esconde la enmienda, porque este chico no da puntada sin hilo.

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