Dos víctimas

Con esa habilidad especial que el Gobierno despliega para crear banderías, ya sea sobre las naciones, la justicia, la religión o Gibraltar, echó a andar el nuevo Alto Comisionado para la atención a las víctimas del terrorismo, a las pocas horas de escuchar el emotivo desahogo de Pilar Manjón y el bien temperado alegato de José Alcaraz.

La primera centró su interés en las víctimas y se le ofreció un Alto Comisionado. El segundo lo hizo sobre los autores y lo único que recibió fue una llamada de Rubalcavacatalán disculpando a ZP porque no había tenido tiempo para hablarle en persona.

En una vuelta de hoja han creado víctimas de primera y víctimas de segunda. Y por si no estuviese clara la maniobra, Peces Barba la apuntala en la primera ocasión que tiene para exigir que no se difundan más imágenes del 11-M, “que todo el mundo conoce ya de sobra”.

Alcaraz y las víctimas que representa deben estar pensando que sus muertos son menos muertos, que su tragedia es menos tragedia o que su inocencia es menos inocencia. Él recuerda orgulloso que si las palabras de Manjón merecieron los aplausos de todos los grupos parlamentarios, su intervención registró dos significativos silencios, el del PNV y el de ERC.

El Alto Comisionado no quiere fotos de los trenes. Nadie las quiere. Ni de trenes, ni de cadáveres tumbados en la acera, ni de hipercores, ni de casas cuarteles saltando por los aires. ¿A qué vienen estas macabras distinciones? ¿Qué es eso de que sabemos “de sobra” lo que pasó?

Mal comienza el Alto Comisionado su labor si es el primero en establecer categorías donde no existen. De empeñarse en ellas, es posible que pronto se necesite otro alto comisionado para atender a las víctimas del Alto Comisionado.

Las fotografías volverán una y otra vez a los papeles y a las pantallas como vuelve la imagen de la niña vietnamita que huye despavorida del napalm. Para no olvidar.

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