La celda de cristal

¿Dónde está el 50 por ciento de hombres?

 

La hermana de la ministra Chacón es dentista, tiene tres hijos y entre sus preocupaciones cotidianas no figura la persecución de la piratería en Somalia. Nos lo comunica la propia Carme como ejemplo de lo que ha de ser una correcta distribución de roles sociales: tú arrancas muelas y yo persigo piratas.

No se espera que la parábola caiga muy bien, ni entre la sección feminista afín a Chacón, ni en ninguna otra; pero tampoco que vayan a hacer sangre por ello. La hermana dentista de la ministra no es una mujer alienada que viva de espaldas a la realidad, esclavizada por sus obligaciones y por su prole. No, todo lo contrario. Ella está al tanto de lo que ocurre en el cuerno de África, pero hay cosas que las delega en su hermanistra, que para eso está.

Estamos de acuerdo, pero si alguien decía algo así durante la oprobiosa, lo llevaban delante del Comité Central y le daban la purga de Benito contra tentaciones conservadoras.

Es decir, esta igualdad de pacotilla que se impone al ritmo de que bicho es igual a bicha, da cada día sabrosísimos resultados.

Otro es el cristo que han montado en Prisiones, donde un colectivo de funcionarias funda una asociación de perjudicadas por la igualdad, a través de la cual solicitan que, por favor, por favor, cese el Gobierno de igualarlas tanto, pues están perdiendo la salud y los privilegios que tenían cuando eran discriminadas y limitadas a atender en exclusiva a las reclusas; una injusticia laboral que añoran con todas sus fuerzas y a la que deseasen volver a someterse en breve.

Razonan que para tratar con los presos, entre otros impedimentos, les falta fuerza.

Ellos, no. Están encantados. Las relaciones con algunas reclusas hacen de su trabajo uno de los momentos más placenteros del día. Los presos se preguntan por qué no pueden también estar ellos mezclados  ¿En tu celda o en la mía?

19 Comentarios a “La celda de cristal”

  1. haha

    … o de como hacer de la anecdota, doctrina.

    Bienvenido, Don Cora,

  2. jabato

    Corto y al pie. El Sr. Haha entra suave, pero marcando el terreno.

    No puedo por menos que estar de acuerdo con él. Un caso puntual de conducta inadecuada (o incluso, delictiva) por parte de uno o varios funcionarios no puede conducirnos a pensar que nuestras cárceles sean un pozo de corrupción.

    Sin conocer a fondo el asunto, tampoco dejo de ver alguna de las razones expuestas. Está claro que, en buena lógica, parece más normal que las presas estén a cargo de funcionarias (mujeres) y los presos custodiados por hombres. Esta situación (que, según nos cuentan, era la anterior a la bibianesca Ley de Igualdad) evita o minimiza riesgos de que se produzcan circunstancias como las presentes.

    Y no creo yo que tal situación supusiera ningún ataque a los derechos de la mujer (ni de las funcionarias, ni de las presas). Lo que ocurre es que, en nombre de una idea en principio inatacable, como es la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pueden llegar a cometerse (y legislarse) auténticas gilipolleces. El mejor de los productos, si cae en manos de una “cocinera” como la Excma. Sra. Aído, puede dar como resultado un plato incomible.

  3. SEito

    …liquidaron los pájaros y los insectos entonces se comieron las cosechas;prohibieron tener más de un hijo y ahora varias decenas de millones de hombres no tienen pareja posible;est@s maoistas no tienen remedio, ni acaban de enterarse que ya cayó el telón de acero .
    Siempre nos cortarán cuando se rompe su burbuja de cristal, o su celda, porque son seres de colmena .

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