El 711

En el 711 cruzaron el Estrecho muy pocos hombres. Se calcula que con Taric lo hicieron siete mil y con Muza, once o doce mil más. Se duda incluso que Taric, al que ahora se admira desde Al Qaeda, fuese bereber, árabe o musulmán, sino godo y como Muza y don Julián, socio de los hijos de Witiza, enfrentados a don Rodrigo tanto en la disputa del poder, como por motivaciones religiosas. Éste representaba ya a la corriente trinitaria, mientras que los witicianos y bereberes mahometanos eran unitarios _ es decir, Dios es Uno _, o bien sin una religión especial. Esta visión del 711 dificulta enormemente que se mantenga en pie el título de Invasión Árabe para definir los acontecimientos de aquel año, aunque lo sucedido después sí permita hablar del establecimiento de éstos reinos.
La comparativa entre los años de lucha que libraron las poderosas legiones romanas para rematar la conquista, y las batallas relámpago que bastaron a estos escasos efectivos, mal organizados y sin experiencia bélica para hacerse con toda la península, refuerza también la visión de que aquello tuvo que ser más una revuelta político/religiosa entre peninsulares con tintes migratorios, que la conquista de un reino por otro.
Los trinitarios, con Santiago Matamoros a la cabeza, plantearon una reconquista que iba a tardar siete siglos en darse por terminada.
Viene esto a cuento de todo cuando está sucediendo sobre terrorismo islámico, recuperación del Al-Ándalus e inmigración ilegal. A lo de Melilla ya no se sabe si llamar avalanchas, invasión, flujos, éxodo, huida, desesperación o caos. Y si no se sabe cómo llamarlo, mucho menos cómo afrontarlo. Se espera la llegada de las lluvias como grandes colaboradoras fronterizas, se levanta la altura de la valla, se apela al ejército y a la Comunidad Europea; se mira a Marruecos, se recurre a expulsiones y se organizan centros de acogida. A nosotros nos dio por recordar el 711.

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