Intimidades de baño

En cuanto el legislativo despache las urgencias que tenga sobre la mesa, sería muy bien recibido que abordase el Plan sobre Homologación de Grifos en H/P (hoteles y pensiones), pues así como las llaves de estos establecimientos responden ya a tarjetas standard, los grifos son cada uno de su padre y de su madre, ocasionando notables pérdidas de tiempo e incluso leves, pero molestas quemaduras.
El aspecto de alguno de ellos no desmerece del salpicadero de Alonso, dada su complejidad y la variedad de sus funciones. Como no se acompañan de un libro de manejo, el huésped los mira y remira antes de lanzarse a manipularlos, y cuando lo hace, puede ocurrir cualquier cosa.
Esta mañana hube de vérmelas con uno de dichos artefactos, situado en la cabecera de un baño protegido por una mampara de cristal, de ésas que suelen ser bastidores, pero que en esta ocasión estaba fija. Al presionar el primero de sus múltiples mandos, un chorro de agua hirviendo alcanzó de pleno la parte derecha de rostro, torso y pelvis que suelo utilizar como cuerpo. Respingoné cual felino, golpeándome allí donde no debo especificar, lo que originó la bajada de santos, desde Abdón a Zenón. No obstante, insistí en la idea primigenia, que era ducharme.
Y ahí estaba el problema. El agua se expelía con tanta fuerza y calor que imposibilitaba mi acceso a los controles. Pensé en atacarlos por encima de la mampara, pero corría el riesgo de nuevos y más graves tropezones. Se trataba de ser valiente y de triunfar sin recurrir al servicio de mantenimiento, de modo que recordando los meses en Pontoneros de Zaragoza, tomé una toalla y cubriéndome el brazo con ella, llegué hasta la grifería infernal y corté el suministro. Uf!
Como bien pudiera repetirse el caso con personas de edad provecta, o con torpes pretecnológicos como menda lerenda, es por ello que urgimos la redacción del PHG (H/P). Les dejo, que debo aplicarme el Halibut.

Comenta