Vacaciones en el mar

El presidente necesita vacaciones. Las necesita como todo hijo de vecino, pero las suyas, a diferencia de las que hoy puede iniciar Zutanito, son beneficiosas para la inmensa mayoría.
Es comprensible que la agenda de Moncloa apenas le deje un resquicio para la reflexión y el balance, pero hoy más que nunca quienes por usted estamos presididos le exigimos que cese su frenética actividad, se relaje con el murmullo marino y escuche lo que se dice unos metros más allá de las verjas de palacio. Sin acritud de ninguna clase, simplemente con la sana intención de que nos vaya bonito a todos.
Debe hacerlo para dar conveniente respuesta a Pío Moa cuando dice que usted y sólo usted es el desencadenante del 11-M después de prometer que retiraría las tropas de Irak si llegaba a donde llegó.
Debe hacerlo para tapar la boca a quienes, como su ex compañera de partido Cristina Alberdi le acusa de ser un perjuro y un traidor, y que debe ser juzgado por desacato, alta traición, rebeldía y dejación de funciones. ¡Jesús! Las tiene todas, casi como Farruquito.
Usted verá a qué dedica su descanso, pero si una vez terminado no hace nada para contradecir al ex terrorista y a la ex ministra, muchos pensarán que son ellos los que tienen razón.
Aparque, si quiere, la tesis de Moa por indemostrable y céntrese en la de Alberdi. Dice que vulnera el juramento para “guardar y hacer guardar” la Constitución y de su boca florecen terribles epítetos que no tienen como destinatario cualquier garulo asilvestrado, dispuesto a subvertir el orden constitucional con artes prohibidas, sino usted, que es presidente del Gobierno, honra y prez de la sociedad, espejo de justicia en el que todos debemos mirarnos.
Preséntese a la vuelta como el más fiel representante del mandato constitucional y haga que se callen esos loros vociferantes. Usted, señor ZP, no puede ser todo eso que dicen. Lo ha jurado.

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