Pon el pin

Solo o en compañía de asesores, al señor alcalde de Guetxo se le ha ocurrido una malévola iniciativa con la que pretende identificar visualmente el grado de vasquismo de sus vecinos.
A tal fin, el ayuntamiento proveerá de pins a los ciudadanos que deseen proclamar desde sus solapas que saben hablar euskera, de tal forma que cuando dos de estos condecorados se encuentren, no usen innecesariamente el castellano y le den de lleno a la húmeda sin recurrir ni a un solo barbarismo. Ésa es la burda disculpa de la campaña.
Algún ingenuo pensará que para ese viaje no se precisaban tantas alforjas, pues al resto de los mortales una sola palabra nos basta para saber en qué lengua se expresa nuestro interlocutor. Ahora bien, si nos imaginamos a las vascas y vascos de Guetxo cruzándose por las calles con los pins de marras, comprenderemos que muchos querrán armarse del distintivo en evitación de desagradables discriminaciones.
Los nazis implantaron las estrellas amarillas para reconocer a los judíos a golpe de vista. En este caso habría sido demasiado brusco obligar a que los perseguidos castellano-hablantes se prestasen a ser reconocidos con un uniforme lesivo para sus intereses, de modo que el uniforme se lo ponen ellos y el objetivo se cumple a la perfección.
No es fácil encontrar antecedentes de un racismo lingüístico tan descarado como el que promueve este alcalde peneuvista, a quien la igualdad proclamada por la Constitución le suena a fascismo, y el fascismo hitleriano le sabe a gloria.
Si la medida cuaja y se extiende, no dude el alcalde pinero que su nombre pasará a la historia de la infamia universal al lado de otros muchos que como él se esforzaron en hacer de este mundo un lugar un poco más insoportable. De momento evitamos escribirlo por desconocer las normas correctas de la grafía euskalduna.

Comenta