El antifaz del guerrero

Corre la especie de que Occidente se ha portado muy mal con Oriente, y de ahí le viene que ahora nos pongan bombas en los trenes. Es una idea, casi un arquetipo, que ha hecho fortuna y que se repite con gran alegría por parte de cualquier tertuliano desaprensivo, cuya familia está muy preocupada pues jamás le han visto abrir un libro de historia y ahora creen que le pudo haber dado un tantarantán.
De acuerdo con ese silogismo de pacotilla, a los occidentales no nos queda otra solución más que golpearnos en el pecho antes de saltar por los aires en expiación de las barrabasadas cometidas desde el papa Urbano al papá de Bush.
De acuerdo con esta línea de pensamiento, por llamarla de alguna manera, nosotros y nuestras víctimas vendríamos a ser unos cabrones con pintas, y los terroristas, la vuelta del calcetín del Guerrero del Antifaz.
En varios de estos ideólogos se transparenta la intención de asimilar España a Occidente, y algunas de sus partes a Oriente, con lo cual etarras y compañía, por ejemplo, quedan perfectamente habilitados para dar la tabarra cuanto se les antoje. Genial. Podíamos haber caído en ello antes y así machacar a los italianos por lo de Numancia.
Pero como están en juego vidas, haciendas y culturas, todas estas simplificaciones de tertulia televisiva conducen a incrementar el despiste generalizado, a frivolizar y a enmascarar el mayor conflicto actual, aquél que ha de resolver si el hombre puede imponer una sola ley allá donde forme sociedad, con independencia de credos y tribalismos.
De momento Occidente lo intenta, y no siempre con los métodos más exquisitos, pero otros se han arrogado extrañas representaciones para que la ley triunfante sea la suya, con la inclusión de credo y tribalismos obligatorios. Suena a que veremos mucho sufrimiento. Y no sólo en Occidente. Alguien lo está esparciendo por doquier.

Comenta