Rubias y mastuerzos

El 80 por ciento de las adolescentes entrevistadas por la Universidad de Ulster, allá en la verde Erin, de mayor quieren ser rubias y delgadas; un trasunto de la licenciatura en filosofía y letras, pero sólo de carrocería.
Como desde hace décadas se registra un gran interés hacia la camomila y el huesismo, la revelación irlandesa no tendría mayor perendengue si la pregunta de la encuesta hubiese sido “¿Qué características físicas te gustaría tener?” Pero ya que lo preguntado fue “¿Qué es lo más importante para ti?”, el resultado se nos antoja, cuando menos, desolador; no para las niñas, que parecen muy simpáticas y sinceras, sino para todo lo demás, para todo lo que se mueve con formas de adulto a su alrededor.
No debe ser fácil conseguir que toda una generación de adolescentes ansíe pasar por esta vida siendo rubia y delgada, de modo que para conseguir estos resultados sólo cabe pensar que hemos tenido que trabajar muy a fondo desde hace tiempo. Que únicamente quede un 20 por ciento para las que deseen cambiar el mundo, ser escultoras, ingenieras, madres o habilitadas de las clases pasivas no es una gran noticia, especialmente cuando en teoría se han dedicado los mayores esfuerzos para equiparar a hombres y mujeres en la sociedad.
No hay encuesta masculina, pero tampoco es razonable esperar resultados muy distintos. Que nadie se tire de los pelos si los chicos concluyen que lo más importante para ellos es ser metrosexuales y millonarios, así, de golpe, sin dar palo al agua. En este caso existe la variante del vándalo organizado, una especie de animal de bellota que prolifera por doquier y a la que, por lo visto, hay que reírle las gracias, además de pagarles una educación pública.
Entre las rubias de bote y los mastuerzos consentidos se está formando un caldo de cultivo formidable para que vengan los Mártires de Alaxa y nos den a todos una patada en el trasero.

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