Una historia masónica

Sin duda “La flauta mágica” es la más conocida y apreciada obra de temática masónica abordada por Mozart. Incluso llega a sugerirse que el compositor muere envenenado por sus compañeros de logia cuando comprueban que la ópera desvela más secretos iniciáticos de los que a ellos les hubiese gustado. Esta hipótesis, que se tiene por exagerada, sirve sin embargo para ilustrar hasta qué punto van de la mano por la historia la flauta y la masonería.
La ópera ha saltado a la actualidad por ser el espectáculo al que ZP asiste con sumo gozo, mientras en Guadalajara aún no se han apagado las llamas de la catástrofe. Es decir, el presidente no estaba ausente de la crisis, estaba en la ópera.
Más prosaico y mucho menos lírico, al presidente Barreda se le localiza durante los trágicos acontecimientos cenando en una parrillada / barbacoa, que ya son ganas de mezclar fuegos, hombre.
A los únicos que se ve trabajando en ese cuadro son al consejero de Presidencia y a la consejera de Medio Ambiente. Pero como el desastre humano, ecológico y político ya no tiene remedio, el escalafón del poder ha decidido que debe entregar una cabeza a la plebe para apaciguar sus ansias de justicia.
¿Cuál ha sido la cabeza entregada? Naturalmente, la de la mujer, Rosario Arévalo. La pobre ha sido obligada a inmolarse en la pira del Templo de la Sabiduría, la Naturaleza y la Razón que aparece en “La flauta mágica”, demostrando así que el simbolismo de Mozart sigue vigente pese al tiempo transcurrido.
Es curioso el ceremonial español que consiste en sacrificar a un político después de cada catástrofe, llámese Prestige, Carmelo o Guadalajara. El sumo sacerdote lo elige de entre los que tiene a mano y tomando el cuchillo sacrificial, le corta la cabeza a la vista del pueblo. La furia de los dioses se calma y todos vuelven a sus quehaceres, como si nada. Todos menos el inmolado, por supuesto.
Muy simbólico. Para que luego vengan con laicismos.

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