Grease

Ellos, de negro, pero no vale

Tengo espíritu de coleccionista, pero me traicionan el orden y el método. ¿Resultado? Se me llena la casa de cosas. Una época fueron los faroles. A las amistades les gusta que la gente coleccione lo que sea porque así no tienen que pensar los regalos. “Cómprale un farol”, y listo.

La de los fanales era por el periodismo y la de los búhos, también. Como el Búho Despierto firmé cosas por ahí adelante. Ahora llevo veinte años haciendo otra y me sorprendo de lo perseverante y ordenado que soy con ella. Colecciono cursiladas políticas españolas y las tengo todas. El destino es un libro, claro, pero me gustaría que se acabasen para que así pudiese plantear una historia redonda, con arranque y punto final.

El inicio es Zapatero, que es el cursi por antonomasia. Él y su cohorte cercana abrieron la veda con una serie de aportaciones chiripitifláuticas que allanaron el camino a todo lo que vino después. Sánchez y los suyos tampoco son mancos a la hora de cursilizar la vida, pero hay algo en ZP que lo supera; no sé si será la ceja, la conjunción planetaria o aquellas zapatillas Keli Finder que regala su ministra María Antonia Trujillo para que los jóvenes encuentren piso a golpe de calcetín. No lo sé, pero fue una época gloriosa para la cursilada.

Lo de ahora es el despiporre, porque atacan por todos lados. Irene Montero es una fuente inagotable de política pitiminí y su ex, o lo que sea, no le va a la zaga. ¿Y no sale ahora con que Grease es racista porque no aparece ni un negro. ¡Toma! ¡Ni en el Doctor Zhivago, de Boris Pasternak, ni en otras cien mil novelas o películas! Yo me salvo porque en La navaja inglesa hablo de Tomás Borbón, que era negro y un buen semental.

La ventaja de esta colección frente a las otras es que no ocupa lugar. Están en el disco duro, a buen recaudo, para cuando pase el sirimiri y alguien quiera darles forma de libro. Se admiten propuestas.

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