El pregón

En todos los pregones se exagera, pero lo de Nadia no lo había hecho nadie

San Roque salvó a muchos pueblos de la peste. Al menos así se lo agradecen hoy, encumbrándolo al lado de los más excelsos personajes de los altares con votos que perduran a través de los siglos. “¡Viva San Roque! Si viene la peste, que no nos toque”, dice una de las múltiples muestras de literatura popular en torno al santo francés de las bubas.

Como la alcaldesa de Betanzos es del PSOE se ha llevado de pregonera a Nadia Calviño, que tiene allí recuerdos infantiles por parte de abuela, suponemos que Dolores Iglesias Babé.

El pregón en sí, aparte de las obligadas referencias al globo _ un homenaje a San Roque, por cierto _, a los García Naveira, a su Pasatempo y a los Caneiros, nos dejó una inmensa sensación de paz, tanta que frisa el ámbito de los estupefacientes.

Oír de labios de la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos _ ¿por qué no se atreverán a llamarlos Economía como antes? _ , que debemos que sentirnos orgullosos por tenerla cada vez más eficiente _ la economía, se entiende _, es un chute en las venas que para sí lo quisiera Maki Navaja. ¡Qué manera de rajar!, que diría Sabina.

Hablar de una economía cada vez más eficiente en una sociedad fuerte y cohesionada tiene que ser una descripción de la Pampa o de algún sultanato emergente de Asia, porque con el paro disparatado, la inflación comiéndose el forro de los bolsillos, una amenaza de negro invierno por delante y un país donde se discute si se puede o no enseñar en su principal idioma oficial, tiene tanto sentido como describir el cuadro de Las Lanzas diciendo que representa una cajita de mondadientes.

La buena mujer pregonó también que Galicia será una vez más “motor potente de crecimiento y de empleo de calidad, de prosperidad y justicia, de concordia y ciudadanía”. Parecía Rueda hablando, chico.

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