Una tormenta perfecta

Esta es más perfecta todavía

Si la respuesta a las dificultades es aumento de impuestos, normas arbitrarias, multas extraordinarias y nuevos intentos por censurar a la prensa, es señal de que el Gobierno, con los partidos que lo ejercen a la cabeza y el presidente que dice dirigirlo al frente de dicha cabeza, ha perdido el norte.

Los hay más duros todavía en el análisis, pues argumentan que este reparto de miseria ya estaba previsto de antemano y lo único que han hecho las dificultades ha sido favorecer la acción devastadora de unos personajes dispuestos a implantar el chavismo sobre las ruinas de un país que otrora fue rico y respetado, como tituló Gallego Tato.

Cuesta trabajo pensar que eso sea posible, pero no tanto que se intente. Revolcones más extremos se han visto a lo largo de la historia y además lo que sucede se parece cada día más al guión de una tormenta perfecta, con el añadido de que al frente de la nave no está George Clooney y su avezada tripulación que luchan contra las olas con todo lo que tienen a mano, sino un señor mesetario con una tripulación de pacotilla, que no la ha vista tan gorda ni en los libros de historia y que se creen capaces de todo por tener el BOE.

Esta última maniobra de los Secretos Oficiales es la más burda demostración de lo perdidos que estamos. Ellos, porque creen que una solución es tapar la boca a la prensa como en los mejores tiempos de las dictaduras divinas, y nosotros, porque no hay sociedad civil que le haga frente, ni masa crítica, ni intelectualidad, ni oposición.

Solo se atisban pamemas de malestar que se sofocan al segundo con una simple alusión a los cuatro años de mandato que dura cada legislatura. Está en su derecho. Otro vendrá que también lo esté entonces.

Caramba. ¿Y entonces cuándo nos toca a nosotros estar en nuestro derecho a que no nos atormenten perfectamente?

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