Yo soy la ley

En sentido estricto

Cuando Sánchez reclama a Ayuso el cumplimiento de la ley lo hace con un aplomo y una contundencia propios del más escrupuloso político de la especialidad, el hombre que jamás da un paso que no esté respaldado por la más estricta legalidad.

Sin embargo aburre recordar su triste trayectoria en salto de altura, longitud, triple salto y pértiga con los que escamotea su obligado cumplimiento, o con los que nos impone restricciones que luego resultan contrarias a derecho.

Bien, eso no justifica nuestra desobediencia, pero ayuda y no poco a que el comercio se indigne aun más por la falta de coherencia y ejemplaridad de un dirigente veleta.

Lo mismo ocurre con Podemos, bolivarianos y afines que se han lanzado a la yugular del Rey por mantenerse sentado al paso de uno de los espadones de Bolívar en Colombia.

Todos se han puesto de acuerdo en señalar una falta de respeto a los símbolos, como si ellos no se hubiesen ciscado en los que representan a todos los españoles, no solo en bandera, banda y música, sino en Constitución, monarquía, idioma y unidad territorial, y en líneas generales, siempre que se trata de algún elemento común y/o tradicional de España.

Nada dicen, por ejemplo, del intento de humillación del Rey, obligado a doblarse para saludar al nuevo presidente, pues lejos de ser un gesto casual, los exégetas del nuevo presidente se han encargado de recalcar que ha sido la manera de obligar a los españoles a “incarse ante la democracia”, eso sí, hincarse

Comenta