Juegos prohibidos

Niños a tiro

El ayuntamiento de Vilassar de Mar mantiene la conveniencia de que los niños de 12 años y los adultos de 30 participen en gincanas de iniciación sexual, con pruebas tan interesantes como colocar un globo entre el trasero de una chica y la pelvis de un chico, apretando este hasta que el hinchable explote y permita así que la pelvis entre en contacto con los glúteos. Supongo que esta apasionante actividad llevaría por título “Aprende a empotrar”; en catalán, por supuesto.

Lo único que el ayuntamiento de Vilassar de Mar, made in ERC, está dispuesto a reconocer es un fallo de comunicación. Las mamis y los papis vilasarenses _ 21.000 habitantes _, dejaron a sus mocitos en manos municipales creyendo que saldrían hechos unos expertos en señales de tráfico y en el cultivo de los calçots, sin sospechar que los recogerían siendo modélicos empotradores nivel Rocco Siffredi, o sumisas empotradas con segundo de scort aprobado.

Eso nunca volverá a pasar. El fallo de comunicación se subsanará y todos los papis sabrán cuántos globos van a explotar entre unos y otras durante las horas que dure la gincana.

Dicen estos munícipes, y otros como ellos metidos en el mundo de las caiditas de Roma, que el niño a los 12 años ya se interesa por la pornografía y por todo lo relacionado con la sexualidad. No hace falta que lo juren. A los 12 y a los 6, pero convendremos que eso no quiere decir que de inmediato pongamos en sus manos la obra completa de Sade, ni que compremos cien globos para jugar toda la tarde al Explota explótame expló al ritmo de Raffaella Carrà, porque sería tanto como suscribirlo al Anuario Avícola of the World si nos pregunta de dónde salen los pollitos.

El ayuntamiento de Vilassar de Mar tiene un problema, pero no de comunicación, sino de comprensión.

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