Ola de calor

Non ti preocupare, después vendrá la de frío

Promete revestir especial colorido el día en que Sánchez, allá por noviembre, imponga la bufanda a sus ministros en un acto más de su incansable lucha contra el clima y a favor del ahorro energético, Falcon mediante y Super Puma lo vea.

El acto de descorbatamiento resultó desvaído porque solo se veían camisas blancas de botón abierto; uno, que es lo protocolario. Los dos se permiten en terrazas y los tres, en discotecas. En noviembre el acto embufandante va a depararnos rojos padre Ángel, amarillos Puigdemont y arcoiris Pepe Álvarez por doquier. El Falcon y el Super Puma seguirán iguales.

Falta por saber si en ese momento repetirá sus ataques con nombre y apellidos contra Botín, Galán y otros empresarios a los que piensa crujir, o ya se le habrá caído la cara de vergüenza tras comprobar que no sabe ser presidente del Gobierno y que su nivel solo alcanza el de un mentiroso mitinero, él, tan atildado por fuera como simple botijero por dentro.

“Si protestan es que vamos en la buena dirección”, llegó a decir en una comparecencia de indisimulado chavismo que debería haber aterrorizado a la población por cuanto es la promesa de esquilmar, empobrecer y despilfarrar de aquí al último día con mandato que le quede para que su promesa de ruina sea tan real como se atisba.

La homilía de la corbata fue como la libreta de trabajos veraniegos que el bachiller recibe a final del curso.

Ahí os queda eso. Por muy mal que estén las cosas, siempre habrá empresas a las que ordeñar, porque de no haberlo hecho, no habría una inflación del 10, sino del 15. Y para que veáis que Dios aprieta, pero no ahoga, vamos a quitarnos la corbata todos juntos mientras ponemos el aire acondicionado a 27º, que yo tengo el Super Puma a la puerta y se le está calentando la cabina. Podéis ir en paz que eu marcho.

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