Sin perdón

Intercambio de sombreros

Está muy bien que allá donde vaya el Papa pida perdón por los abusos que los cristianos hayan podido cometer, pero como siga siendo el único que lo hace, va a parecer que los demás han sido unos santos, y que los santos han sido demonios.

Pedro Sánchez podría tomar ejemplo y pedir disculpas por las corruptelas cometidas, Feijóo por las de su partido, Otegi por sus crímenes y así sucesivamente. Los aeropuertos internacionales deberían dotarse de confesionarios por donde pasasen las personalidades antes de iniciar la rueda de prensa.

“Vengo de Japón y me acuso de las matanzas en China. Mil perdones.”

A lo mejor estaba despistado, pero a los políticos ingleses de visita jamás les escuché que pidiesen perdón por usar a Francis Drake como corsario; ni a los holandeses por hacer lo propio con Pieter van der Does. De los rusos ya ni te cuento y mucho dudamos que el día de mañana lo hagan por haber tenido como presidente a un señor llamado Putin, que repartió muerte y bombazos a manos llenas.

También es digno de toda alabanza que el Papa y otros muchos dirigentes internacionales _ en especial el príncipe Carlos de Inglaterra _, se toquen durante sus visitas al extranjero con los más diversos sombreros, birretes, casquetes y chichoneras que en cada uno de estos lugares son típicos, o tienen especial simbolismo de mando y honor, como ha sido en esta ocasión la corona cree de plumas, tan evocadora de sesiones cinematográficas.

Es un acto de aceptación y hermanamiento de simbolismo solidario que echamos de menos a la recíproca, es decir, que en la visita al Vaticano no se estile encasquetar al extranjero, no digo ya la tiara que han rechazado los últimos pontífices, pero sí al menos la mitra, y de esa forma tengamos fotos del gran jefe Pie de Oso con mitra en ristre, o a Yolanda vestida de monja.

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