Los desencantados

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El PSOE está manejando un documento interno donde se afirma que cada día es mayor el número de personas a las que les da lo mismo si gana las generales ZP o si las gana Rajoy. Dicho en lenguaje menos críptico: los socialistas han detectado en una encuesta que su candidato pierde apoyos que parecían incondicionales, apoyos con los que ellos contaban como exclusivos “porque ese voto no va a ir a la derecha de ninguna manera”.
Bueno, pues algo ha pasado para que se observe una fisura entre esos sólidos votantes que por lo visto, antes corrían como una piña detrás de ZP y hoy, como que permanecen sentados.
La verdad es que el fenómeno tiene poca chicha. Ha ocurrido siempre y no tiene pinta de que esta vez aporte más luz a la ciencia desde que se descubrió el principio físico según el cual se desinflan los globos, o sea, la presión atmosférica.
Estos documentos que ahora llevan la alarma a los despachos de Ferraz donde se cocinan las ofertas electorales, señalan que los desertores del zapaterismo valoran de forma especial la eficacia en la gestión y les gusta el rigor en el diagnóstico. ¡Lógico! Después de cinco años se han dado cuenta que su líder no es precisamente un lince haciendo diagnósticos y que busca siempre la eficacia habiendo probado antes tres caminos.
A estos conversos, añade el documento, se los localiza entre los sectores intelectualmente más formados _ vamos, que no son nada burros _, viven en las ciudades _ no son trogloditas _, y no se sienten ligados a ninguna sigla; es decir, que ni son diputados del PSOE, ni han sido puestos por el Ayuntamiento. El perfil de esos desencantados que pueden darle un disgusto a Zp está claro. Hay unos cuarenta y tantos millones de españoles que responden a esas características y ellos pueden inclinar el voto hacia cualquier lado.

33 Comentarios a “Los desencantados”

  1. scéptika

    Coincido con el señor de BtCora en lo afinado de su diagnóstico cualitativo aunque difiero en la intensidad de la sintomatología. O mejor dicho de la epidemiología: a ese número de afectados por el síndrome hay que rebajarle un buen puñado de millones no dependientes de ayuntamientos, diputaciones u otras areolas mamarias.

    Me refiero claro está a la masa acrítica -en Andalucía solo, varios millones- y como masa, informe y desinformada pero con la boca llena de miga de pan, que vota con salva la sea la parte, o al menos no con el cerebro.

    Aún hay pueblos, la Andalucía profunda que no es costera pero sí analfabeta funcional y bien que cuidan este detalle los capitostes capullistas, donde rige el dicho de que si ponen como cabeza de lista para algo, una alcaldía, una presidencia de la JUnta o unas generales a una cabra mocha, se puede dar por descontado que tendremos a una cabra mocha de alcaldesa, o de presidenta de la Junta o o de diputada en Cortes. Cabal.

  2. jabato

    No creo yo que en el PSOE tengan motivos para estar tan intranquilos. A pesar de lo desastroso de su gestión, este PP que tienen enfrente no parece capaz de atraer hacia sí a los votantes descontentos. A mí, estas noticias me suenan más a técnicas perfectamente estudiadas, precisamente para movilizar a los votantes a quienes la constatación de la pésima gestión de este Gobierno pueda apartar del “verdadero camino”.

    Bien es cierto que tampoco es necesario que esos votos vayan al PP. Con que se queden en casa, es suficiente, aunque personalmente pienso que las victorias basadas en la abstención carecen, en alguna medida, de la legitimidad democrática que debe exigirse a todo gobierno.

    Por otra parte, los del PSOE tienen razón en que hay una bolsa importante de voto “que no va a ir a la derecha de ninguna manera”.

    Existe un crecido número de ciudadanos que, sin tener adscripción política concreta, llevan el rechazo a la derecha grabado en el ADN. En ocasiones, les preguntas el porqué y no saben contestarte. Dicen, simplemente: “no, yo al PP, ¡jamás!.

    Acto seguido, te muestran que son perfectamente conscientes de las tropelías del PSOE, de la vacuidad de su líder, de su ideología de plastilina, de su habilidad para la manipulación… todos los males que los contrarios atribuimos al partido en el poder.

    Y sin embargo, no pueden. No pueden votar al PP. Una reacción atávica, instintiva, se lo impide. Es el resultado de 30 años de machaque social-mediático, que termina consiguiendo grabar en lo más recóndito de los cerebros la distinción entre las ideas “elegantes”, “que se llevan”, las “buenas”, vamos, y las “trasnochadas”, las “anticuadas”, las “malas”.

    Y ello es preocupante, ya que el voto y el instinto deberían mantenerse alejados. Sería la forma de que una democracia funcionara y permitiera un auténtico progreso social y económico. Que el voto no estuviera secuestrado, sino que fluyera libre, hoy en un sentido y mañana en otro. Una clase política consciente de que su apoyo electoral dependiera más de la calidad de su gestión que del volumen con el que griten sus consignas, sería también (por la cuenta que les tendría) una clase política de muy superior calidad a la que tenemos (padecemos) ahora.

    Como dice gráficamente la Sra. Esceptika, deberíamos votar con la cabeza y no con salva sea la parte.

  3. pau

    Coincido con Jabato en que hay un sector de la población, aunque sería más propio decir una secta, que no votará jamás algo que tenga que ver ni de lejos con el PP; aunque pusieran de cabeza de lista al mismo lucero del alba. Ya se dijo hace unos días en este blog que uno de los participantes se caracterizaba por hablar siempre mal del PP mientras se mostraba benévolo con las demás siglas, incluyendo las más extremosas y batatzales. O esa persona también lo debe llevar en el ADN, o bien ella sabrá quien le paga.
    Pero no es menos cierto que en la masa votante de nuestro País, tan aborregada y tan lejana todavía de una cultura política democrática verdaderamente arraigada, y que todavía vota (mal que le pese a Jabato) muchísimo con los pies y nada con la cabeza, existe aún una no despreciable cantidad de acomodaticios que, sin abstenerse, votan “algo nuevo”. Como ya han tenido bastante de Zapatero, oye, pues lo mismo votan a Rajoy, pero no porque les guste o le sigan; sino simplemente por cambiar y poner a otro.
    Yo creo que es a estos votantes a quienes temen en Ferraz.

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