Siempre hace buen tiempo

Y si no, hace malo

En 1860 los pueblos del sur de Andalucía claman contra la pertinaz sequía que los asola. Al año siguiente es Alicante, y al siguiente, Castellón. Así, hasta hoy. Siempre sequía y siempre pertinaz.

En 1945 hay restricciones eléctricas en Burgos por la pertinaz sequía y Franco se refiere a ella como enemigo a batir mediante pantanos. Anda que no nos hemos reído con los pantanos y con la pertinaz. Nos reíamos como imbéciles porque era Franco y porque eso de luchar contra el clima nos parecía fuera de lugar, como las rogativas de lluvia al santo de la ermita.

A nuestro Franco actual, un señor que pretende borrar la historia que no le gusta y reescribirla a su manera casi igual que el otro, no se le cae el clima de la boca y poco le falta para responsabilizar a la derecha de que haga malo mientras dibuja en el cielo una blanca estela afalconada.

Un periódico de Madrid abre a cinco columnas: “El clima ruge en un mundo en crisis”. ¡Jesús! Si lo hacemos durante la carrera de Periodismo tenemos el suspenso garantizado, por falsarios y alarmistas; por falta de pruebas, por colar opinión en un texto informativo, por especular y por partidismo. Sí, partidismo, porque además de cometer los otros pecados profesionales, el titular se produce con el avieso fin de apoyar políticamente al presidente, algo legítimo, siempre que no se haga mediante la manipulación informativa.

El clima ruge, según ellos, porque hace calor y se mantiene una pertinaz sequía. Ambas circunstancias, y en los mismos valores o mayores, son más viejas que la pana. No que Franco. Que la pana. Esos conceptos del clima bueno y el clima malo no aguantan una clase magistral en un parvulario y se quedan a nivel de conversación en ascensor: “Parece que hace bueno”. “Sí, no como ayer que hacía malo”.

Esperemos a mañana, a ver si hace regular.

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