Más barato por docena

El próximo finde, en Falcon

La vicepresidenta Yolanda Díaz tardó doscientos días y ciento noventa y nueve noches en contestar a la pregunta sobre el coste de su viaje en Falcon a Roma para ver al Papa con siete asesores, uno por pecado capital, o por sacramento, según vayas al Vaticano en pleno examen de conciencia, o vuelvas de San Pedro con el dolor de atrición ya asumido.

Finalmente ha dicho que en ese salto de la ibérica a la itálica se gastó la exigua cantidad de 224,36 euros y al contrario de lo que le están reprochando por ahí adelante, no me parece un plazo excesivo en demorar la respuesta, ya que la Congregación para las Causas de los Santos se toma mucho más tiempo en certificar la certeza de los milagros, y convengamos que lo de Yolanda es un milagro de los gordos, como el de las bodas de Caná o por ahí.

Milagro económico de dimensiones siderales que debería llevarle a presidir todo cuanto organismo exista en quinientos kilómetros a la redonda tomando como eje central la Puerta del Sol.

Con presupuestos así podemos hacernos con varias líneas aéreas, empresas gasistas, granjas de esturiones, minas de oro y hasta con dos líneas de AVE para Extremadura, y otras dos para Galicia, una para ir y otra para volver.

Ya nos habían advertido que viajar en Falcon era muy barato, con precios que oscilan entre los de patinete y los de BlaBlaCar, aunque nunca supusimos que tanto. Ahora que lo afirman con papel timbrado de la Vicepresidencia comenzaremos a tomárnoslo en serio.

Una duda corroe nuestra curiosidad desde que se hizo pública la factura del viaje. ¿Tomaron algún refresco durante el vuelo? ¿Zumo de tomate, jamón del mono, pistachos? ¿Se repartió entre los asesores la prensa del día?Estoy haciendo los cálculos y si meto almendras se me desequilibra el presupuesto.

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