El congreso se divierte

El bipartito funciona

La contribución de Podemos ha sido determinante para el éxito de la cumbre atlántica. Falta por determinar si su aporte fue activo, pasivo o circunflejo; o sea, si en su voluntad estuvo no reventar nada, si nada reventó porque ya no moviliza ni a un coro de plañideras, o si sale cara como podía haber salido cruz.

Ese centenar de antisistema en pie de guerra contra la guerra es una cifra que no se registra en Occidente desde los siglos de la pax romana, cuando los antisistema pasan las tardes con sus hijos de caminata por el bosque en busca de un trébol tetraphylla, o de la buena suerte, y al hallarlo comentan al infante:

_ Observa hijo cuán sabia es la naturaleza y el ordo universalis, que en queriendo tener tréboles de cuatro hojas, va y los hace.

A lo que el niño, maravillado por la ciencia paterna, le pregunta:

_ ¿Falta mucho para llegar a casa?

Criaturitas.

Lo dicho. Madrid fue una balsa de aceite y han dicho los atlantistas que quieren todas las cumbres aquí, no solo porque a Paco Roncero le ha salido redonda la aceituna esférica, sino también porque los kikos con guacamole estaban para chuparse los codos, sin contar que asistir al ensayo del coro de los esclavos judíos de Nabucco es una pasada y los jardines de La Granja, la repera.

Rusia sigue en Ucrania, pero la cumbre ha sido un éxito sin precedentes, lo cual es un puntazo para Sánchez si aspira a algún puesto europeo. Deberían pensárselo unos y otro. Un fichaje a mitad de temporada por la OTAN, NATO, ATON o NOTA, podría descolocar a Putin y colocarnos a nosotros en la buena senda. Además, como dice Anabel Alonso, Sánchez sabe inglés y eso significa llevar medio examen aprobado.

Debería irse con Podemos y juntos pacifican el Donbass, Palestina y el Kurdistán en dos patadas. Perdón, en dos cumbres.

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