MJ como símbolo

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Cada generación llora la muerte de aquellos cantantes que la identifican inequívocamente, y lo hace con mayor vehemencia cuanto menor sea la edad del artista desaparecido. Michael Jackson tenía 50, pero siempre luchó por aparentar menos.
Por muchas razones, Jackson se erige sin competencia como el emblema musical de las décadas entre siglos. Podíamos arrancar ese repaso simbólico con su indefinición racial y estética, siempre a medio camino de los estereotipos para convertirse él mismo en un estereotipo más. Ni blanco, ni negro; ni hetero, ni pederasta; ni culpable, ni inocente; ni adolescente, ni adulto; ni cuerdo, ni genio; ni millonario, ni arruinado… sólo entero y convincente cuando pone los pies sobre un escenario haciendo el moonwalker o coqueteando con los muertos a los que finalmente se ha unido para dejar sobre la tierra a una Ola Ray que es el paradigma de todas las novias, como bien supo ver el hacedor cinematográfico de Thriller, es decir el eficacísimo John Landis.
Seríamos injustos si situásemos toda la carga simbólica del cantante en su ambigüedad, pero lo cierto es que sólo gracias a ella la arrolladora coreografía de Jackson alcanza todo su poder subyugante sin distinción del continente donde se escuche. Y así como Leonard Cohen canta sin moverse, MJ era incapaz de hacerlo sin bailar. Sus movimientos son un testimonio más de su adecuación a los tiempos que finalmente va a representar. Sus gestos son fríos, mecánicos, robotizados, propios de una época que ha jubilado la pausada meditación en beneficio de un chip que al instante te pone en contacto con un cúmulo ingente de estupideces dentro de una carcasa policromada y con una moral a la medida del usuario.
El resultado es tan atractivo, como vacío y pesimista. Un baile de zombies sin más perspectivas que regresar a la tumba.

8 Comentarios a “MJ como símbolo”

  1. SEito

    Sigo en ufffff.

  2. pau

    El negro que tenía la piel blanca, vivió no se sabe muy bien cómo y murió no se sabe muy bien de qué.
    Menudo bluff, incluyendo en el todo su arte canoro.
    Que tanta paz halle como descanso deja.

  3. jabato

    Cuando el Sr. Cora se pone profundo (el tema de hoy se presta a ello) hay que reconocer que el texto resultante es sumamente atractivo. Esas dos últimas líneas nos dan para mucho que pensar.

    Poco más que decir.

  4. Manel

    Pues este menda echa en falta que se hubiera dado el mismo tratamiento mediatico a la muerte de Vicente Ferrer, hombre infiitamente más importante para nuestro tiempo. Pero ni una coma. Qué le vamos a hacer, es el signo de los tiempos. Eso sí, después nos rasgamos las vestiduras por la falta de valores.

    Salutacions cordials

  5. Manel

    Queria decir “que no se hubiera dado el mismo tratamiento…”.

  6. jabato

    ¡Qué cosas tiene el Sr. Manel, decir que Vicente Ferrer fue más importante que Michael Jackson!.

    En este nuestro mundo de valores invertidos, donde lo superfluo y lo esencial han intercambiado sus papeles, Michael Jackson era un icono para millones de personas, mientras que Vicente Ferrer no era más que un molesto recordatorio de que existe otro mundo en éste, un mundo de hambre y miseria, y de que se puede hacer algo por él.

    Michael Jackson fue el ejemplo de una vida destrozada (y quizá finalizada) por el hedonismo, mientras que Ferrer fue una manifestación viva de entrega a los demás.

    Su obra, además de mejorar la situación de mucha gente, constituye un grito a nuestras conciencias, y eso es algo que nuestra sociedad anestesiada y soberbia no soporta.

  7. scéptika

    La verdad, mi verdad, es que el MJ no me daba ni frío ni calor. Si acaso un poquito de repelús. El entusiasmo que me provocaba es perfectamente descriptible: cero. Siento decir que la mayoría de lo que hoy se conoce como música -perdón, COMplej del alma mía, Celes- a mí solo me da la sensación de ruidos, molestos en su inmensa mayoría. También me ocurre con gran parte de la música barroca, tan ensalzada, y no digamos el repertorio de la regionalería, desde las machaconas gaiteiradas hasta las insoportables sevillanas, cansinas y repetitivas hasta la extenuación. Seguro que es una alteración culposa de mi (torpe) sensibilidad, pero ya me he hecho a ella.

    En cuanto a la aportación sobre VFerrer y MJ, cualquier atisbo de comparación es odioso. Uno representa a lo más podrido del consumismo y el derroche, no solo del ídolo sino de quienes se gastan los 50, los 100 leuros en ir a sus conciertos -conciertos… je, je, vaya corrupción idiomática-, mientras que el otro representa, como queda dicho, al espejo que refleja la imagen de un mundo cada vez más vacío e injusto. Sin reproche, sino con la enorme fuerza disuasora de su ejemplo.

  8. rois luaces

    Ya puestos, no confundir del todo al Sr. Ferrer q.e.p.d. con San Vicente Ferrer.

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