¿Qué me pasa, doctor?

Periconitis

Desde hace tres, cuatro años, no me encuentro bien y tras muchas noches de zozobra salteada sobre cama de insomnio y lágrimas de amargura, me cubro de valor hipocondríaco y acudo al especialista.

¿Qué me pasa, doctor?

El galeno procede a formular las preguntas de rigor _ menos mal que de momento no es de rigor mortis _, me mira el fondo del ojo _ del otro también _, echa mano del fonendo _ me fonenda _, echa mano del trömner, o martillo de reflejos _ me tromnea _, digo treinta y tres tres veces _ me treintaytea _, y finalmente, sin necesidad de mayor analítica, va y me dice que padezco periconitis, de Perico o Pedro, y de itis o inflamación.

_ La periconitis _ me ilustra el médico_, es una peligrosa variante del virus del mono, también llamado en España el virus del guapo. Todo ello encuadrado en un síndrome de fallo sistémico multiorgánico que se manifiesta de manera más evidente en tres síntomas que lo caracterizan. A saber, notable hinchazón del conjunto escrotal con incomodidad constante por el mal acomodo de los nuevos volúmenes en los calzones habituales; enrojecimiento de la zona nasal por la acumulación de indignaciones que se manifiestan siempre “hasta las narices”, y fiebres localizadas en las aberturas anterior y posterior del tubo digestivo, debido a dos fenómenos sucesivos cuales son calentarse la boca cada dos por tres, y ciscarse en todo lo que se menea cada tres por cuatro.

¿Qué puedo hacer, doctor?

Me recomienda encarecidamente que me aleje de los medios de comunicación o de la actualidad política, pero al informarle de mi profesión, el especialista comprende la imposibilidad de su tratamiento y opta por recetarme remedios paliativos, como es ver a diario la serie Grandes catástrofes de la humanidad, que nos descubre otras sociedades que lo pasaron peor.

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