La infame

Se fue Oltra y llegó el verano

Señora Oltra, hemos apreciado en todo su valor el intento que la pasada semana realiza usted en orden a sustituir su actividad política por la danza y la música, pues aunque el resultado parezca a todas luces tan nefasto como el de su administración, le animamos a perseverar.

Manuel Oltra i Ferrer fue un notable catedrático y compositor valenciano y aunque solo comparta con él el apellido, nada impide que en unos meses ese bailecito de Ho tenim tot (Lo tenemos todo), de Joan Dausá, sea tan famoso como el SloMo de Chanel, muslamen aparte, porque ya no tiene nada.

Este circunloquio de alabanzas melómanas viene a cuento para no empezar la columna por donde deberíamos: Señora Oltra, ha tardado mucho tiempo en dimitir y además lo ha hecho fatal. Por supuesto que la historia de la infamia recogerá el episodio, pero no para lamentar que se haya borrado su nombre de la política por el camino del deshonor, sino para recordar la infamia que según todos los indicios _ incluidos los que manejan su partido y su presidente _, ha cometido usted desde la alta responsabilidad que se le había encomendado.

Dice que se va con los dientes apretados. Imagínese cómo los tenemos el resto desde que la vemos oscurecida por la sombra de la sospecha y desde que se confirma la investigación inculpatoria sin que haga ni un ademán de dimitir porque había eliminado esa obligatoriedad de sus estatutos en una operación digna de sátrapas.

Los dientes apretados para no morder a quienes la colocan ante esta tesitura; es decir, a usted misma, pues nadie, salvo su ambición y su falta de ética le ordena desproteger a la chiquilla.

Dientes apretados y cabeza bien alta. Hasta ahí llega en su ceguera. Bailecito en el palco y orgullo por tapar al gran masturbador. Comienzo a olvidarla, infame señora Oltra.

Comenta