Matilde Martínez, pionera del fútbol y víctima en Hipercor

La joven de Quiroga está en el centro de Barcelona para comprar un chándal cuando se produce el atentado

MUCHOS PROPIETARIOS DE San Lourenzo de Nocedo, en Quiroga, se ven afectados por las expropiaciones del salto de Santo Estevo. Muchos llevan el apellido Martínez, como Matilde Martínez Domínguez (Quiroga, 1952), nacida en medio del largo proceso que se consume antes de finalizar las obras.

Matilde abandona su parroquia para ir a Barcelona, aunque allí queda su padre, viudo desde hace poco. En la capital catalana consigue trabajo en un taller de artes gráficas, pero cuando ya ha superado los 35 de edad sigue estudiando en una academia para obtener el título de ingeniero delineante.

No es su única ilusión. Desde su llegada a tierras catalanas se ha convertido en todo un referente del fútbol femenino, pionera de su práctica durante años en los que ni se sueña con llenar estadios como ocurre hoy.

Con 19 años se inicia en el equipo femenino de la Gramenet, participante en la primera Copa Pernod con los de Badalona, Bañolas, Barcelona, Calella, Español, Figueras, Lérida, Sabadell, Tarragona, Vich, Villanueva, Manresa y Sant Andreu, que será su nuevo club. Matilde figura en la historia de la competición como autora de cuatro de los 32 goles de su equipo.

En 1987, tras dejar el Sant Andreu, es jugadora y capitana del F.F. Cataluña, donde se gana la admiración de todos como jugadora más veterana y por su calidad humana, reconocida dentro y fuera de su club.

El 19 de junio de ese año, viernes de la semana, comenta a su compañera en el taller de artes gráficas, la madre de la periodista Sonia Herrera, que antes de acudir al entrenamiento bisemanal que realiza por la tarde con el Cataluña, se va a pasar por el Hipercor de la avenida Meridiana para comprar un chándal.

Así se lo anuncia también a algunas de las jugadoras y cuando todas ellas están ya sobre el césped del Sant Adriá crece la inquietud en el equipo porque su capitana no ha llegado a la hora.

Se comenta el atentado de la Meridiana y aquellas que están informadas de sus planes establecen la fatal conexión: “Matilde me dijo que iría antes al Hipercor”. Todos los datos confluyen hacia el mismo resultado y para confirmarlo, encienden un transistor. La emisora que sintonizan se lo certifica. La herida Matilde Martínez ha sido trasladada al Hospital de la Cruz Roja.

Cuando llegan a ese centro hospitalario les espera la noticia de su fallecimiento. El grupo rompe a llorar desconsolado.

El padre de Matilde es avisado de la tragedia en Nocedo y viaja a Barcelona para acompañar el traslado de sus restos y enterrarlos en el cementerio de San Lourenzo, donde ya reposan los de su madre. Matilde tenía previsto ir días después, porque el padre inauguraba la nueva casa.

Finalmente serán 21 personas las víctimas de este absurdo y salvaje atentado de ETA, cuya responsabilidad directa se achaca a Domingo Troitiño, Josefa Mercedes Ernaga Esnoz y Rafael Caride Simón. Su objetivo son empresas de capital mixto hispano-francés y causar los mayores daños posibles sin importarles que los muertos sean clientes aleatorios, niños, mujeres, o cualquier otro abandonado al infortunio como Matilde.

Llaman para decir que entre las 15.30 y las 15.40 horas estallarán veintisiete kilos de amonal y doscientos litros de líquidos incendiarios, con pegamento y escamas de jabón introducidos en un vehículo con un temporizador que señala las 16.00 horas de la tarde. Como pasa la hora y no lo localizan, no se produce el desalojo del centro. El resto es un reguero de indignidad que llega a nuestros días.

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