La caída de los dioses

Es una ley de la física

En Andalucía hay una gran incógnita electoral, pues no se sabe qué derecha va a ganar, si la hiper o la súper. La de 95 octanos, o la de 98. La que incide en España hasta parar un tren, o la que se pone por montera a Montero.

Este es el resultado de un fino trabajo de demolición partidista de Pedro Sánchez, pues es él, y no Espadas, quien se ha encargado de eliminar la más mínima posibilidad de que el PSOE sume, que la izquierda sume o que nadie, fuera de Bonilla y Olona, sumen.

Ha sido un trabajo concienzudo y sin desmayo desde el primer día, destinado a mantenerlo en La Moncloa a costa de perder Madrid y Andalucía como primera medida, y de seguir teniendo a Galicia fuera del alcance.

No hacía falta que ocurriese, pero a media tarde de ayer, otro nuevo acontecimiento vino a colgar el INRI en el gavilán de Espadas. Argelia procede a suspender de forma inmediata el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación con España, o lo que es lo mismo, varias cucharadas de inestabilidad que se dejarán sentir en primer lugar entre baleares y andaluces. No hubo, y esperamos no pueda haber, otra presidencia tan cara como la de Sánchez.

Su partido debería saberlo de corrido, como la tabla del 5, que es la más fácil, pero da la sensación de sufrir una abotargamiento paralizante en grado de colapso, a la espera de que se cumpla el pronóstico y cuando en vez de un secretario general tengan un cadáver político, tirarlo al muladar y comprar otro, Dios sabe dónde.

Sí, es cierto que se oyen voces que reclaman el recambio antes de que se celebren las exequias, pero no suenan con la intensidad requerida y el implicado se encarga de aplicarles la sordina correspondiente.

Al tiempo, bildus y separatistas se pelean ya a dedos desplegados. Y esos son los que lo sostienen, así que sálvese quien pueda.

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