Pío y Barrena

La perversión del lenguaje avanza íntimamente ligada al descenso de la lectura y al aumento de los mensajes audiovisuales. Eso dicen los expertos. El ciudadano moderno es más manipulable porque se le hace creer que todo es susceptible de cambio, que las palabras mudan su significado a golpe de decreto ley y que lo retrógrado es decir maremoto, pudiendo decir tsunami.
Viene esto a cuento por dos episodios que afectan a Pernando Barrena, el negro heraldo batasuno de la bomba de Madrid, y al historiador Pío Moa, el revisionista de la II República y la Guerra Civil. El primero expuso el martes con gran pachorra sus críticas al Gobierno por la manera de entender una supuesta tregua entre los bandoleros y la ley. Según Barrena, no deberían producirse detenciones de terroristas cuando se está hablando de negociación, como diciendo, ya que nosotros dejamos de incumplir la ley un rato, esperamos de ustedes que dejen de cumplirla al mismo tiempo. Y como no es así, bomba que te crió. Fina perversión la de Barrena con la que tragamos amorcillados.
Gregorio Peces-Barba, rector de la Universidad Carlos III, también demuestra tener gran apego a la perversión, pues tras el intento de agresión, boicot y censura al conferenciante Pío Moa en sus dominios, lejos de condenar tan fascista actitud, se molestó muy mucho por no haber sido informado de un acto que llevaba días en las paredes con carteles a favor y en contra.
Don Gregorio dice a sus educandos que fue una pena no haberse enterado antes, porque en ese caso se podrían haber evitado los incidentes, ya que él mismo sería el encargado de prohibir la conferencia del historiador gallego. En este segundo caso la perversión es modélica, pues no sólo se bendicen métodos totalitarios _ insultos, violencia, censura y burlas hacia la libertad de expresión _, sino que se trata de endilgar esas conductas a la persona afectada.
¡Genial, don Gregorio! Merece todo un cum laude.

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