Barrio y Moure, la pasión por el coleccionismo

El arquitecto lucense llega a reunir notables muestras de postales, sellos, vitolas y arte africano

LA MUERTE LO sorprende en 2021, cuando apenas ha cumplido los sesenta años. Caminaba de regreso a su casa en Campo Castelo después de asistir a su turno de la Adoración Nocturna. Sí, porque Manuel Urbano Barrio y Moure (Lugo, 1961) era un hombre profundamente religioso, como sus padres, arquitecto y ministro de la Orden Franciscana Seglar para Lugo y posteriormente, para Galicia.

Es el hijo único de Manuel Barrio Martínez y de María Filomena Moure Prieto, al que ponen de segundo nombre Urbano en recuerdo de un hermano del padre que fallece muy joven cuando estudia como Seminarista en Lugo, donde destacó como rapsoda. También es sobrino de la recordada maestra de San Ciprián Sagrario Martínez.

Estudia en el Colegio de los PP Franciscanos de Lugo y es uno de los mejores almnos, especialmente en dibujo lineal, lo que va a enfocar su vocación. También es de los más brillantes y más jóvenes licenciados en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura coruñesa (1988), especializado en Edificación y Urbanismo, por lo que lo requiere rápidamente el sector de la construcción.

Se colegia en Lugo y abre un estudio en la calle Montevideo con Ismael García Portela Legido, J. Ángel García Vilela y Justo Portela Fernández. El barrio de A Milagrosa y Samos son las ubicaciones de sus primeros proyectos.

Dentro de la Orden Franciscana Seglar, es uno de los postulantes para ser ministro a nivel nacional y cada vez dedica más tiempo a la actividad religiosa; por ejemplo, en las catequesis de varias parroquias y atendiendo la capilla de la Soledad, de la que es titular la Orden Franciscana. Manuel Urbano lucha para lograr su conservación, amenazadas sus imágenes por la carcoma.

Paga de su bolsillo diversos arreglos, compra nuevas tallas y organiza la bendición de mascotas el día de San Antonio.

En otro orden de cosas, Manuel Urbano siente verdadera pasión por el coleccionismo y llega a ser uno de los mejores de España en algunas vertientes. Lo que Umberto Eco llama el vértigo de las listas. Reúne una espléndida colección de postales, especializada en Lugo, Galicia, las dos guerras mundiales, la guerra de África _ España y Marruecos _, románticas y otras temáticas.

El año 2021, poco antes de fallecer, expone en el Museo Provincial de Lugo parte de las que posee bajo el título de Estampas Lucenses y se edita un libro con la selección. Su colección sobre la ciudad supera los mil ejemplares, mientras que el total de la misma alcanza las cien mil tarjetas.

Otras recopilaciones llevadas a cabo por él son las de sellos, matasellos de primer día, sobres conmemorativos, monedas y vitolas.

Tampoco hace ascos a otro tipo de colecciones consideradas de menor categoría, como llaveros, mecheros y posavasos. La de carteles de cine y programas de mano permite recorrer la historia cinematográfica de los años centrales del XX.

Mención aparte merece la de etnografía de tribus africanas que supera las mil quinientas piezas, algunas de gran interés y dignas de formar parte de fondos museísticos.

A tenor de esa afición y como consecuencia de ella, la biblioteca de Manuel Urbano Barrio también sobrepasa los cuatro mil volúmenes, con ediciones del siglo XVII y otras de indiscutible valor. De igual forma su hemeroteca llega a reunir un interesante fondo, con colecciones completas o semicompletas de Historia y Vida, Cuadernos de Historia, Blanco y Negro, Hola!, de diarios de los años 20-40 del pasado siglo XX y de otras cabeceras.

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