Fernando López, el impresor amigo de Cunqueiro

Hereda la imprenta Sucesor de Mancebo de su padre, que había trabajado con los fundadores

AL FRENTE DE la Imprenta Mancebo de Mondoñedo han estado Hermenegildo Mancebo Vázquez, el fundador, entre 1870 y 1887; Edesio Mancebo Rey, su hijo, entre ese año y 1931; su empleado y comprador, Jesús López Díaz, Suso do Laredo, hasta 1982 y Fernando López González (Mondoñedo, 1938), hijo a su vez del anterior.

Los tres primeros mantienen una singular dedicación a las artes tipográfica y musical, como si una y otra compartiesen tipos y notas móviles en la intimidad.

Suso do Laredo lleva la imprenta a la calle Progreso y su hijo, a la calle Imprenta. Todo en lógica mindoniense, la ciudad donde se editan libros desde 1495 y donde hoy existe un Museo da Imprenta, del que Fernando es guía ocasional cuando se lo piden.

Él se zambulle en el mundo de la imprenta desde que nace, cuatro años después de que su hermana Marujita hubiese fallecido a causa de un accidente doméstico. En ese momento Suso do Laredo ya lleva siete como propietario de la de Mancebo y él comienza su relación laboral con los chibaletes y las galeradas cuando apenas cumple los 10 años.

De su padre, niño de coro entre 1913 y 1917 y posterior flautista de la capilla de música catedralicia, cuenta Cunqueiro su curioso método de puesta a punto del instrumento mediante saliva; por eso, cuando Suso toca “hai que poñer un paraugas diante”.

Cunqueiro es el gran personaje de la imprenta. Allí se confeccionan algunos ejemplares de su revista Papel de Color y allí se refugia para pergeñar los artículos periodísticos durante su segunda estancia en Mondoñedo.

Fernando lo recuerda como un componente habitual en el paisaje de la industria, como amigo y como conversador. Lo ve entrar a eso de las tres y cuarto de la tarde, pide recado de escribir y despachar el artículo antes de las cuatro, que es cuando sale el autobús que ha de llevarlo al periódico. Un prodigio.

Huellas de Cunqueiro en Mancebo son, por ejemplo, las tarjetas de felicitación para Fraga en el día de San Manuel. Se las escribía en latín para acompañar una tarta de Alicia Tella-Villamarín, la mujer de Puchades Quilis. Para que todo estuviese en conforme, el latín pasa la correspondiente revisión del más versado mindoniense en la materia, Francisco Fanego.

Tras la muerte de Cunqueiro, Fernando aprovecha una estancia de Fraga en la ciudad para solicitarle su firma en las tarjetas latinescas que conserva. Sucede en el Hotel Montero el Día das Letras Galegas de 1991 y media en el encuentro Cacharro Pardo. En compensación, Fraga le pide a Fernando una de ellas con la firma del impresor. Hoy está reproducida en un libro.

Pero Fernando es testigo de que Cunqueiro también satisface las peticiones de quienes le solicitan unas poesías para venderlas y sacarse unas perras. O tarjetas para pedir el aguinaldo, como la que le escribe a Luis, un muchacho recadero y rodero de la imprenta, es decir, que mueve la prensa con la fuerza de sus brazos. “Oficial de motor”, le llama a Luis con pompa burocrática.

El actual propietario de Suc. de Mancebo ya está jubilado y cuenta con Suso Robles como responsable de la misma, quien calcula que allí llegaron a editarse unas cuarenta cabeceras. Han aprovechado el confinamiento para localizar 39 de ellas, aunque pueden ser más, porque hay constancia de publicaciones de Luarca, Vegadeo, Ribadeo, Navia, Vilalba, Muras, Foz, O Valadouro y Mondoñedo, por supuesto.

En sus 150 años de historia reciben un homenaje por parte del Concello.

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