Las dosis

La palabra clave del embrollo creado por las revelaciones y puntualizaciones de Savater es dosificación.
Desde hace meses, ZP trata de dosificar informaciones que le permitan sentarse con ETA en condiciones de salir bien parado y Savater es un eslabón más en esa cadena cuyos plazos se calculan para llegar al día de las elecciones gallegas en plena aureola pacificadora, después de salvar el mal trago de la manifestación que se convoca para el 4 de junio, a cuyo fracaso contribuiría el convencimiento de que no se va a pagar ningún precio político por la rendición.
Si realmente es así, la única manifestación con cierto sentido sería la que llamase a expresar el apoyo al Gobierno.
Sin embargo, al dar este nuevo paso algo ha fallado; ya sea el mensaje, ya sea el mensajero. Sólo así se entiende que la rectificación del filósofo al periódico emisor, ABC, se produzca tras recibir un sobre con membrete de la Dirección General de Información Nacional.
Sólo así tiene sentido que el presidente comunique a la ejecutiva de su partido que “no hay nada”, y que a continuación les recomiende tranquilidad y silencio para enfriar el tema. La advertencia resulta chocante si tenemos en cuenta que Savater está diciendo que todo cuanto larga por su boquita se lo oyó a ZP en una cena de amigos. Por lo tanto, a quien debe pedir silencio será a sí mismo.
Y como corolario, el presidente añade: “el único que tiene información soy yo”. Magnífico. Acabamos de celebrar un debate en profundidad para decidir qué respaldo parlamentario se le da a una negociación con ETA, y una vez que finaliza, su promotor presume de ser el único con auténtica información sobre el tema. Él y ETA, claro. Al oír semejante revelación, los diputados propios y extraños se estarán preguntando en base a qué datos votaron a favor o en contra; y sobre todo, a favor o en contra de qué.

Un comentario a “Las dosis”

  1. John Englebert

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