Pepe Carvalho, un detective cosmopolita que nace en Souto (Láncara)

El personaje de Manuel Vázquez Montalbán rinde homenaje a la aldea de sus abuelos paternos

EN LÁNCARA HAY dos Soutos reconocibles. El de San Xoán de Muro y el Souto de Ferradal. El primero está a una hora de caminata desde la estación de A Pobra de San Xiao y el del Ferradal dobla esa distancia. El detective Pepe Carvalho (Láncara, 1936) nace en el primero.

Pepe Carvalho goza de una notable peculiaridad para figurar en este álbum y es que no existe, como ya se habían maliciado los lectores de Manuel Vázquez Montalbán después de verlo en alguna de las 18 novelas que protagoniza, en sus cuentos, películas, series, cómic o libros de recetas que elabora entre una investigación y otra.

A Pepe Carvalho le ocurre lo que a Ramón Lamote y a Pelúdez. Su existencia es meramente literaria, aunque su fama ha crecido de tal manera que siempre hubo gente dispuesta a asegurar que charlan con ellos, o incluso que son amigos de uno de los tres.

A Pepe de Souto le bailan los apellidos, pues si bien es cierto que el paterno se mantiene con esa grafía lusa que también utiliza el coronel de Artillería y genealogista de Franco, Esteban Carvalho de Cora, el materno va de Tourón a Larios, porque así es citado el personaje de su madre, eso sí, siempre Ofelia.

El padre del detective es Evaristo Carvalho, un nombre que nos remite directamente al del propio escritor, que también es doble, ya sea citado como Evaristo Vázquez, o Estévez. Su madre es Rosa Montalbán.

El escritor viaja por primera vez a Galicia en 1947, con ocho años, y entonces se asombra de la tierra de sus abuelos, pues es la edad ideal para recordar un viaje así con una viveza especial.

Desde la estación que se debe a los Quiroga, entonces Puebla de San Julián, va hasta la aldea de los Vázquez en pollino, dice él. Y mucho después, cuando el año 1991 vuelve a Galicia para escribir sobre El mapa de España en El País, Montalbán se refiere con todas las letras a Souto como la aldea de sus parientes gallegos y aunque no sale a relucir Carvalho, a esas alturas ya sabíamos que un Souto y el otro, eran el mismo.

Por cierto, una de las noches que está en Santiago cena con Xosé Luis Barreiro y para documentarse en el personaje lee Barreiro contra Barreiro, el encargo que me había hecho Víctor Freixanes y que estaba recién publicado. Lo sé porque tiene el buen gusto de referirse en su artículo al “espléndido libro de Xosé de Cora”, cita que nunca le agradecí en vida.

Disculpen que la cuna del personaje se lleve más de la mitad de la semblanza, pero Souto es lo más lucense de Pepe y estamos donde estamos.

Por otra parte, del hombre ficticio se ha escrito ya casi tanto con pluma ajena que por mano montalbana y de su periplo existen referencias aquí y acullá.

Adolescencia en el PCE y paso por la cárcel, como tantos otros que lo dicen sin ser cierto, o siéndolo. Juventud como agente de la CIA, que da mucho lustre. Madurez como detective en cientos de casos.

Tipo atípico, muy español, pero también muy cosmopolita, porque en sus libros se cuenta lo que aquí ocurre y mil cosas que pasan fuera.

Desengañado de todo y aderezado de una cultura variopinta y grandes saberes gastronómicos al lado de su ayudante Biscuter, es aficionado al bibliocausto, pues quema libros de su propiedad con la soltura de los bomberos de Fahrenheit 451.

Entre los actores que fueron Pepe, se encuentran Juan Diego, Eusebio Poncela y Juanjo Puigcorbé, que es quien nos presta su imagen para el cromo. La muerte del autor no detuvo sus aventuras, ya que fueron continuadas por Carlos Zanón.

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