Pasqual show

Es comprensible que el correctísimo pueblo catalán, donde el seny y la cultura se dan la mano, esté buscando en estos momentos un agujero subterráneo, que no sea el del Carmelo, para meter la cabeza y así soportar mejor el bochorno que dos de sus bigotudos políticos les provoca con actuaciones que los hermanos Toneti serían incapaces de imaginar, ni dentro, ni fuera del circo.
Ítem más; como nos sentimos solidarios en el españolismo de estos dos… ¿chiquilicuatres?, sepan que en el resto de España los episodios protagonizados por la pareja en el Reino de los Cielos se han vivido con idéntica vergüenza ajena.
Pero como la visita internacional no ha terminado todavía, tememos que en las próximas horas Efe pueda transmitirnos imágenes de ambos llorando ante el Muro de las Lamentaciones, o que los veamos colgados de una cruz en el Calvario silbando Look on the Bright Side of Life, la canción de Burgon/ Idle/ Palin para La vida de Brian; seguro que la recuerdan.
Visto lo visto, la mujer de Josep Llimona que representa el famoso Desconsol del barcelonés parque de la Ciutadella ha de estar hoy más desconsolada que nunca. Sus lágrimas y abatimiento, su cabeza arrebujada entre los brazos y esa dejadez de músculos que el escultor imprimió a la estatua con singular maestría, forman el símbolo más elocuente del ridículo cometido.
Un colega comentó hace tiempo que los políticos en visita al extranjero sentían la irrefrenable necesidad de encasquetarse los sombreros típicos de cada localidad. Ni el Rey se escapa a ese extraño síndrome del turista complaciente. En su abisal ignorancia, la pareja de marras creyó que hacer lo propio con una corona de espinas sería visto con muy buenos ojos por los hebreos y los cristianos. Y la cagó. Bueno, en realidad sólo abundó sobre una cadena de despropósitos que se pierde en el tiempo. No se les puede sacar de casa.

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