Doble venganza

Vulgar y rosa

Estos últimos días Marina Castaño ha conseguido ser más leída que Cela, aunque para ello haya recurrido al viejo truco de las miserias personales, o mejor dicho, a una esmerada selección de ellas, pues en su carta abierta a los 20 años del fallecimiento del escritor, no salen todas.

El envoltorio es una especie de resumen informativo donde lo pone al cabo de la calle sobre los aconteceres: Ha gobernado un tal Rodríguez Zapatero, hay covid, inventaron un nuevo género que acaba en e, el Rey no está en España y me he casado con el cirujano Enrique Puras, “de la intelectualidad a la ciencia”.

Pero todo se dispone para que en el paquete viajen dos venganzas. Una, de orden crematístico, contra el hijo de su segundo marido, Camilo, José Cela Conde, por haberle arrebatado, con derecho, un porcentaje sustancioso de la herencia, y otra, sobre afeo de conducta contra Francisco Umbral, por retratarla como una mujer rapaz y una avida dollars en su libro ‘Cela: un cadáver exquisito’.

La carta se olvidará pronto y Cela volverá a ser más leído que Marina, aunque esta, en un rasgo de humildad que brilla por su ausencia, podría haber aprovechado la efemérides para pedir perdón por alguna de las cuentas que el de Padrón dejó pendientes en la tierra, y no me refiero a la que contrajo con el Ayuntamiento de Lugo por cobrarle como nuevo un pregón de segunda mano, sino otras, como la que no paga a Carmen Formoso Lapido, por el plagio practicado a su novela. Lejos de reconocerlo cuando el atraco se demuestra en sede judicial, espolea a sus amistades para que denigren a la autora coruñesa, aunque no la conozcan ni en pintura, ni en su obra original. Ese reconocimiento y el de otros pecados de juventud recientemente desvelados le habrían dado a la carta marchamo de interés, porque la venganza es vulgar y el arrepentimiento, grandioso.

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