El precio de la codicia

Con dinero público no hay precio alto y con el honor ajeno, tampoco

Si usted dirige una banda de delincuentes, de esas que usan las pistolas como otros los bolígrafos; si tiene a doscientos de ellos en la cárcel y si por azares de la vida, con sus dedos manosea los testículos de quien puede promover la puesta en libertad de sus esbirros, ¿los agarraría con fuerza para tirar de ellos hacia abajo en pos de una solución favorable a sus intereses?

No hace falta que conteste ahora. De hecho ya hay una respuesta y la ha dado Otegi: Sí.

Si de ellos depende, Sánchez no será presidente en el caso de que esos doscientos bandidos _ miembros de una banda _, no abandonen sus lujosos establecimientos penitenciarios para ser recibidos en sus patrias chicas con los ongi etorri de rigor, disparo de bombas de palenque y general regocijo, pues nada alegra tanto a las mafias como verse alejados de la ley.

El anuncio de Otegi no ha debido sorprender a nadie. Es más, ya se lo había hecho saber y era chantaje sabido y esperado.

De cualquier forma, la amenaza ahora avivada sirve para recordar la altura del actual debate político y cómo nos las gastamos en este estado miembro de la Comunidad Europea por mantener o no a un presidente del Gobierno. Por encima de conceptos como ley, constitución, justicia, tribunales, parlamento, se erigen chantaje, presos, víctimas, banda y pistolas.

Menos mal que hablan de la próxima legislatura y de aquí allá caben varios remolques de acontecimientos, lo que le permitirá a Sánchez callar ante el envite como lo viene haciendo, siempre que no miente.

Pero habida cuenta de la experiencia, Bildu puede estar seguro de que si de él depende, no solo estarán libres los pistoleros, sino que se les dará a cada uno de ellos la Gran Cruz de Carlos III, la de San Hermenegildo y la Encomienda de Número al Mérito Civil.

Un comentario a “El precio de la codicia”

  1. extremoizquierdo

    Sr Cora, simplifica usted una cuestión que es de raíz y de desarrollo compleja, presumo en beneficio de su postura ideológica.

    La ley, ciertamente! Ahora bien, qué hay del respeto del estado por sus propias leyes? Realpolitik? Ya que usted menciona el “manoseo de testículos” supongo que será usted consciente del cierto número de sentencias condenatorias que España (el estado, la nación) acumula ante el TEDH.

    También será conocedor de que aunque muchos problemas parezcan eternos, siempre es posible señalar puntos de inflexión. Por ejemplo, en la cuestión palestina la declaración Balfour de 1917 es un punto claro.

    En 1936-39 convergen tantas narrativas históricas españolas. Un estatuto de autonomia aprobado en referendum por un 96.67% de votos y una participacion del 93.69%, después abatido por la fuerza de las armas es solo una de estas muchas narrativas.

    Ley, constitución, justicia, tribunales, parlamento? Un problema complejo.

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