Pasaje a Venezuela

Siempre tierra de promisión

Hubo un tiempo en el que los dictadores eran de derechas y muy malos. Hoy también. La única diferencia es que ahora dicen que son de izquierdas.

Aunque no lo parezca, sus sufridores son los mismos, los que se niegan a subirse al carro del sátrapa en ejercicio y piden que se vaya. Suerte tendrán si no acaban machacados o manipulados por los nuevos dictadores que esperan su turno, agazapados en las sombras de la no siempre inocente oposición.

Entre los dictadores actuales hay uno que nos toca las pelotas más que otros, o al menos eso es lo que se deduce de las reiteradas informaciones que lo sitúan al frente de una operación dentro del Foro de Sao Paulo destinada a implantar el chavismo en España a través de la financiación de Podemos.

Chavismo y dictadura son sinónimos, ya saben. Y chavismo y ruina, también. Ese moderno concepto político repele cualquier atisbo de democracia, riqueza o prosperidad, porque su verbo, como el de Castro, se expresa en imperativo y se pronuncia ¡Exprópiese!

El dinero invertido por Maduro en los chicos españoles ha dado ciertos frutos. La okupación es una forma de expropiación como otra cualquiera, y cuando insultan a las fuerzas del orden y les reducen tanquetas, también. Que no se engañen los piquetes, salvo que sean de la misma cuerda y unos y otros estén a lo que están.

Por fortuna para los que tiemblan solo de pensar que la actual Venezuela puede ser un espejo donde mirarnos, los velos que cubren la financiación de Maduro se destapan lenta, pero inexorablemente para ver la desnudez de Monedero y compañía.

No es pequeña la paradoja de que los pagadores de Maduro le llamen con el nombre en clave de “el español”. Sí, hombre; como el don Julián que ayudó a los invasores musulmanes.

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