Los nuevos españoles

Nuevos y desiguales

La igualdad de los españoles ante la ley fue proclamada por Franco en el artículo 3 del Fuero de los ídem y de ahí deducimos que ha de ser cosa mala y desdeñable la tan mentada igualdad.

Sin duda esa es la causa por la que este gobierno tan democrático que el infortunio ha puesto en nuestras vidas como prueba de fortaleza, paciencia y templanza, se afana en triturarla para goce, gusto y contento de quienes dicen ser sus socios, aunque en asuntos de bandidaje el DRAE recomienda el uso de los términos cómplice o compinche.

A los asuntos de lengua que tanto juego dan a los saqueadores, no para fortalecer la cultura, sino para ahondar en diferencias y cobrar más que nadie, se unen desafíos de desobediencia que provocan una brecha mayor entre los españoles, pues ahora ya tenemos dos grandes grupos perfectamente cribados: el de los que deben cumplir las sentencias judiciales y el de los que no. ¡Y el Gobierno se sigue teniendo por demócrata!

Como es la fiesta de los despropósitos, en la universidad catalana juegan a la guerra civil, y lejos de parar la inconsciente salvajada, la autoridad dedica fondos cobrados del Estado para fomentar la actuación de los violentos de tal forma que las desigualdades, además de oírse en la lengua, se vean en las heridas abiertas, los moratones y los ojos a la virulé. Todo muy progre y muy avanzado.

Suma y sigue para el saqueo de la igualdad. Líneas aéreas sin actividad que son rescatadas desde el minuto cero, y empresas cruciales con miles de trabajadores que son abandonadas al frío de la intemperie; aumentos de sueldo lineales para la clase política y aumento de las contribuciones a todos los demás.

Y lo peor, un ministerio llamado Igualdad que se dedica con denuedo a buscar las 7 diferencias de las minorías del ser humano para echárselas a la cara de la mayoría.

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