Del rosa al amarillo

Y queda margen para la mejora

Cuando Yolanda dijo en la dulce lengua gallega que mejor nos habría ido si le hubiésemos cortado la cabeza al rey, era una burrada, pero se le entendía.

La mujer añoraba haber tenido un Napoleón Bonaparte para mandar los ejércitos españoles a luchar contra el General Invierno moscovita, que es lo que pasó después de que los revolucionarios franceses hicieron lo propio con el Capeto, porque a raíz de su decapitación _ decapetización, debería decirse _, y cansados de darse guillotina entre ellos mismos, no tenía otra empresa que emprender, salvo cambiar el nombre de los meses, que siempre es algo muy anhelado por las masas.

_ ¿Sabes que ahora agosto se llama termidor?

_ ¡Uf! ¡Falta hacía!

Entonces no era rubia ni vestía de blanco marfil cual novia desvelada. Pero ahora que se ha enfundado el traje de Jadis, la Bruja Blanca de Narnia encarnada a la perfección por su alter ego Tilda Swinton, ya no habla de guillotinas, sino que se presenta como Yolandis, la Bruja Blanca de Matria, y arenga con unos discursos que parecen refritos de la lógica hegeliana tamizados por un asesor que fuese primo hermano de Groucho.

Primero fue la matria y más tarde, su versión de la economía circular. Básicamente se trata de largas parrafadas que contienen expresiones eufónicas, como propuestas, valentía, liderazgo de los jóvenes, liderazgo de las mujeres, proteger a la ciudadanía, nuevas certezas, mundo más justo y todo por ahí.

Ni que decir tiene que hemos mejorado un montón, porque pasar de un relato con guillotinas y decapitaciones, a otro que es un jardilín de economía repleto de buenas intenciones es como dejar en la mesilla un libro de Poe y abrir las Poesías Completas de Gloria Fuertes.

De modo que vamos por el buen camino.

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