ETA y Eto´o

Hoy cualquier imbécil imberbe, armado tan solo con un bote de spray, es capaz de arruinar las calles, casas y monumentos de toda una ciudad, especialmente porque siempre encontrará imitadores dispuestos a dejar testimonio pintarrajeado de la decadencia supina por la que atraviesan los albores del XXI. El niño que acerca el rotulador rojo hasta la pared de su casa, asombrado por la majestuosa inmensidad del blanco, se ha hecho grande, que no mayor, y ahora dispone de toda una ciudad para su antojo sin que nadie se atreva a decirle “nene, caca”, no vaya a ser que se enfade el pobrecito y cuando tenga derecho al voto se lo dé a otro. Esta decadencia coetánea se manifiesta como un caldurrio espeso en el que caben desde los insultos de Eto´o, hasta las amenazas de ETA; desde el vandalismo como íntimo ejercicio de la libertad de expresión por la noche, al desprecio, burla y chirigota ante cualquier atisbo de moral, cultura o educación por el día. Los mass media que pretenden el éxito han rebajado el listón de inquietudes hasta el nivel del diario de Barbie y si te da por pronunciar la palabra Unamuno demasiado alta en una cafetería, corres el riesgo de provocar infartos indiscriminados entre la clientela no avisada. Pero si a quien te refieres es Nietzsche, ten por seguro que se callarán, pensado que has gritado chisss! Es fabuloso. Todavía hay personas que no han leído las obras completas de García Obregón y cuando esperas que el señor Laporta fulmine con una reprimenda ejemplar al tontolín que tiene por jugador, nos pide que lo comprendamos, como se hace con el niño del rotulador rojo, que reparte borrones rupestres por la casa porque no le da más de sí la mollera. Después se preguntarán muy preocupados por saber quién fomenta la violencia en los estadios, o quién pone las bombas en las empresas deudoras. La culpable tiene que ser María San Gil, habida cuenta de lo modosito que se portó Patxi López con las chicas del PCTV y los desprecios que prodigó con ella.

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