Álvarez Sarandés desarticula la Revolución de Octubre en Lugo

El comandante de Monforte localiza explosivos y detiene a los golpistas encabezados por Juan Tizón Herreros

EL GUARDIA CIVIL Manuel Álvarez Sarandés (A Coruña, 1887) desarrolla casi toda su vida activa en la provincia de Lugo e incluso adquiere la condición de lucense gracias al acuerdo del Ayuntamiento de Monforte de Lemos, que en noviembre de 1934 lo nombra hijo adoptivo de la ciudad.

Solventado el requisito de la nacencia, apresurémonos a decir que Álvarez Sarandés es la pieza clave para que la Revolución de Octubre de 1934 alentada contra la Segunda República por el PSOE, anarquistas y comunistas principalmente, fracase en el sur de la provincia de Lugo. Pero veamos los antecedentes.

En 1909 Álvarez Sarandés es destinado a la comandancia de la Guardia Civil de Foz y allí da muestras de una incesante actividad que pronto lo hacen famoso en el municipio y alrededores, donde se refieren a él como el Cabo de Foz, casi como si se tratase de un accidente geográfico.

Uno de los objetivos al que dedica mayor empeño es el de acabar con las peleas de mozos en fiestas y romerías. Se dice, quizás exagerando, que consigue erradicarlas de aquellas tierras mariñanas.

Sus éxitos y su colaboración en la campaña pro subsistencias motivan que en 1918 el gobernador civil interino, Gualberto Ulloa, lo convoque a Lugo para felicitarle.

En 1919 se hace cargo de la comandancia de Ribadeo, ascendido ya a sargento y aquí merece el aplauso de la ciudadanía, porque a sus cometidos obligados une la persecución y castigo de los blasfemos.

Dos años después obtiene el grado de sobresaliente en los exámenes para secretario de Juzgado Municipal celebrados en A Coruña y sufre varias heridas en la cabeza por culpa de un accidente cuando viaja por Lourenzá.

El año 1922 muere en Ribadeo su mujer, Eugenia Ariño Romeo, y ese mismo año se casa con Ramona Rodríguez, perteneciente a una familia dedicada allí al comercio.

Su nuevo destino es como suboficial comandante en Monforte, a donde llega en 1923. En las tierras de Lemos se habla mucho y bien de él tras descubrir un caso de chorizos intoxicados.

Luego irá a Oviedo en 1930 y será teniente jefe de la línea de Chantada dos años después, para regresar finalmente a Monforte, donde el año 1934 fallece su madre, Bernarda Sarandés.

Antes de que llegue el revuelto mes de octubre de ese año es felicitado por la lucha que desarrolla en contra de los incendios forestales con la misma pasión que puso contra las peleas, las blasfemias y los chorizos contaminados.

Catorce días antes de la fecha prevista por los golpistas revolucionarios, o viceversa, para desestabilizar la República por existir ministros de la CEDA, dirige una operación con sus cuatro guardias, gracias a la cual se desarticula la operación en la que están implicadas 300 personas. En San Salvador de Reigada descubre un polvorín de 99 bombas y detiene a los concejales socialistas de Monforte Juan Tizón Herreros y Ramón Somoza Álvarez, propietario este último de la bodega donde se ocultaban los explosivos.

También son detenidos como encubridores siete directivos de la Agrupación Socialista, todos ellos ferroviarios. La acción le vale el reconocimiento como hijo adoptivo de Monforte y la Cruz de San Hermenegildo.

Con la llegada del Frente Popular y tras pocos meses en la cárcel, Tizón accede a la alcaldía, se opone a su nombramiento como jefe de la Guardia Municipal de A Coruña y logra que sea trasladado a San Miguel de Basauri, en Bilbao.

En el año 1940 será capitán honorífico y secretario de la Delegación de Orden Público en esa ciudad.

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