Algo de que hablar

Temas de tertulia mientras no las prohíban

Tema terremoto. ¡Qué susto! Ya me imaginaba a Sussana Griso haciendo directos desde Os Farallóns y se me erizaban los cabellos.

Tema PP. ¿A qué viene hacerse los mudos delante de los micrófonos por la sentencia del dinero negro? Si creen que alguien les va a aplaudir por la mudez, van de cráneo. Con lo fácil que es decir: Pues sí, hemos metido la pata hasta donde pone Alonso Martínez, que es donde acaba Génova. No lo volveremos a hacer.

Tema gran apagón. Es la plaga que le falta al bipartito para que su historia se cuente al lado de la biografía de Ramsés II.

Tema chuches. La obesidad infantil es un problema, de acuerdo; pero Garzón es otro y mucho mayor. Con la disculpa de los problemas que existen está convirtiendo su ministerio en una dictadura soviética de la peor especie y puede acabar prohibiendo los libros, porque causan presbicia y almorranas. Métale mano a los botellones, que causan cirrosis.

Tema asesinato del niño: Faltan palabras. Sobra asco.

Tema reforma laboral: ¿Alguien cree que queda una sola autoridad europea que no se haya partido el culo de risa al contemplar los bailecitos de Petronio con Nadia y Yolanda? ¿Alguien cree que todavía nos toman en serio en algún departamento? Porque tienen otros problemas más gordos, que si no, de qué…

Tema locura: Que la vicepresidenta Yolanda Díaz inicie su parlamento con un “Autoridades, autoridadas…”, no es la aplicación del lenguaje inclusivo, no es un error, ni siquiera es un lapsus linguae. Lisa y llanamente es la prueba palpable de la locura hacia donde un puñado de ignorantes iluminados pretenden reconducir la historia del hombre, cuyos siglos de paciente evolución desconocen desde sus raíces y cuyo estudio pretenden suplantar con ocurrencias a cada cual más pedestre y disparatada.

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